EL PUÑAL ANTIGUO
Sobre el tapiz oriental
de mi alcoba obscura y fría
tengo tu fotografía
clavada con un puñal.
Bajo el brunido metal
que guiara mi mano impía,
me mira tu faz sombria
con una angustia mortal.
Y cando el día se perde
y el aciago ajenjo verde
exalta mi hondo dolor,
con qué perverso arrebato
hundo sobre tu retrato
aquel puñal vengador.
EN FLANDES SE HA PUESTO EL SOL
"D. Die. ¿A quién, si mi ley no saca?
Alber. (Desesperado; decidiéndose a hacer por él, a ciegas)
¡Al que ataca!
D. Die (Parándole y contendiendo duramente, con ironía.)
¿Qué buscas, si me hallas fuerte?
Alber.(Con desesperación infantil, dando con los pies en el duelo y tirando la espada.) ¡La muerte!
D. Die. (Recogiendo la espada y obligando a Albertino a empuñarla de nuevo.)
¡No, jamás, no! De esta suerte
no obra un alma esclarecida;
busca, atacando, la vida;
dale, al que ataca, la muerte.
(Albertino vuelve a tomar la espada de manos
de don Diego, y éste, separándose de su hijo,
prosigue ahincadamente la lección.)
¡Vuelve a luchar contra el miedo!
Albe
D. Die. (Arreciando en el juego, para probarle más.)
¡Va un golpe! ¿Y para parar?...
Alber. (Haciendo con la espada lo que indica el diálogo.)
¡Alzar!
D. Die. Te amago, ¿y está el rechazo?...
Alber. ¡Mi brazo! "r. (Queriendo obedecer, pero sin fuerzas.)
Yo no puedo...
"Pero quién pinta el color de las flores - quién diseña las coloridas alas de las mariposas con tal precisión, regla y arte que solo el talento humano puede imitar - ¿quién diseña las proporciones de insectos para hacerlos graciosos, y las hojas de los árboles? ¿Por qué hay tanto color y belleza, proporciones y arte en todas partes en la naturaleza? Dónde está el diseñador detrás de las cosas - el genio, el artista que crea esto, porque sin diseño y dibujo no se puede ni hacer un mueble - ¿quiénes son los responsables de este trabajo, y quién les da el trabajo en el gigante campo de la vida? ¡Esto es misterioso y maravilloso - pero realista - e irresoluble!"
MI MADRINA
"Una tarde, estando yo con mi madrina en la puerta de la casa, dos rezadoras, antiguas compañeras suyas en los novenarios, al pasar frente a nosotros aligeraron el paso, se santiguaron y no nos dijeron adiós ni nos alzaron a ver siquiera.
—Nos tienen miedo... –murmuré inconscientemente, con aflicción.
Ella estrechó mi cabeza contra su pecho, e inmediatamente se fue a sentar en su viejo taburete, para disimular con un rezo el amargo sollozo que no pudo contener.
Dos o tres incidentes parecidos ocurrieron luego. Y un domingo, al terminar la misa, cuando íbamos saliendo de la iglesia, una mujer a nuestro lado dijo, en alta voz, para que oyeran todos, y señalando abiertamente a mi madrina:
—¡Miren qué hipócrita! ¡Se va a salar la iglesia...! ¡Hay que decirle al Padre que l’eche una maldición, pa que no vuelva a poner los pies aquí!
Joan Miró
La luna, el reptil, el perro,
la onda, el sexo, la estrella,
el barro, la piedra, el hierro,
la mano, el ojo, la huella.
El caracol, la raíz,
el paisaje y quien lo anima,
el azadón, la lombriz,
la mesa y su pan encima.
Un punto, un punto, otro punto,
la constelación, el mar,
el hombre cierto o presunto,
el cuenco, el torno, el alfar.
El apero, la masía,
el ala, el pájaro, el vuelo,
la mujer, la noche, el día,
el diente, el garfio, el anzuelo.
Rafael Santos Torroella
(Port-Bou, 1914 – Barcelona, 2002)
EL SECRETO DE LA ESTATUA
"Entonces Gregorio olvidaba sus años. Era de nuevo el muchacho que madrugaba a trepar a los cerros, en busca de aquellas plantas de las que los indios extraían tintes para fabricar sus mantas de algodón. No había otros más firmes y brillantes. Una mujer, vieja como una momia que vivía en una cueva del cerro de La Peña y a la que Gregorio regalaba bizcochuelos y chocolate, le había enseñado que los colores azules y violáceos se sacan de las maticas de árnica.
Para ese objeto resultaba también muy a propósito la uvilla de Bogotá, lo mismo que el espino puyón. Daban un hermoso tono morado indeleble. De la guaba lo mismo que de la cochinilla, procedía el carmín. Para los tonos sepias aprovechaba los líquenes y musgos, tan abundantes. Al tocarlos, Gregorio daba gusto no sólo a sus manos sino a su alma.
Escribo
Escribo…,
para mantener distraída a la amargura.
Esquivo…,
sus dardos con palabras, mi armadura.
Y callo…,
porque digo más en mis silencios
que engañando a las palabras
con sentimientos adoptados.
Escribo,
esquivo y callo,
y a menudo lloro en un folio.
Mis lágrimas son tinta,
y no hallo mejor ataque que un poema
ante tanto olvido,
ante tanta pena.
Escribo…,
para curar mi alma rota.
Grito…,
para que el silencio no me coja.
Y curo…,
mis heridas con un verso,
mis miedos con palabras
y los lloro en una hoja.
Escribo…,
para mantener a distancia la locura
SE FUERON
DESDE LA OTRA ORILLA
"Si el objetivo es el progreso, ¿para quién estamos trabajando? Quién es este Molok que se retira cuando los que se esfuerzan afanosos se aproximan a él; y que no puede proporcionar más consuelo a las multitudes condenadas y exhaustas, que gritan morituri te salutant que...la respuesta burlona de que después de que se mueran todo será maravilloso en este mundo. ¿Deseas verdaderamente condenar a los seres humanos vivos hoy al triste papel...de desdichados galeotes que, con la basura hasta las rodillas, arrastran una embarcación...con...progreso en el futuro escrito en su bandera?...; un objetivo que es infinitamente remoto no es un objetivo, es sólo...un engaño; un objetivo debe hallarse más cerca...en el salario del trabajador como mínimo o en satisfacción en el trabajo realizado."
EL SUEÑO ES UNA VIDA
Shakespeare nos da la naturaleza en compendio; Lope la da toda entera, sin selección, tal como ella se manifiesta y procede y se desarrolla. Lope no es precisamente el mayor poeta, sino el temperamento más poético de la edad moderna. Los poetas grandes lo son precisamente por ser capaces de reproducir hasta las mismas incongruencias de la naturaleza; pero los poetas medianos debemos atenernos a la realidad congrua, a la naturaleza consecuente. "
Amigo personal de Virginia Woolf
ISABEL I DE INGLATERRA
Se habían puesto en contacto con aquellas fuerzas del espíritu de Isabel que, incidentalmente, resultaron fatales para ellos y que, en definitiva, provocaron el enorme triunfo de la reina. Triunfo no dimanante del heroísmo. Todo lo contrario; la gran política que prevaleció durante la vida entera de Isabel fue lo menos heroica que pueda concebirse, y la historia auténtica de la soberana perdura como lección ingente para melodramaturgos del gobernar. En verdad, triunfó merced a todas las cualidades que están ausentes en el héroe: disimulo, flexibilidad acomodaticia, indecisión, morosidad dilatoria, parsimonia. Casi podría decirse que el factor heroico apareció principalmente en la extensión con que se dejó conducir por esas cualidades.
LA VIDA SINGULAR DE ALBERT NOBBS
"De estos carros de carbón tiraban buenos caballos que apretaban el paso igual de bien que los de nuestro carro. Te estoy contando estas cosas por el placer de recordarlas, nada más. Puedo ver la sala de estar y a mí mismo con la misma claridad que veo las montañas que hay más allá, y hasta mejor que eso; y puedo ver al camarero que solía atendernos, aunque no tan bien como te veo a ti, Alec, pero a él lo conozco más, no sé si me entiendes; y aún hoy recuerdo los tremendos sustos que me daba cuando se me acercaba por la espalda y me sacaba de mi ensoñación sobre la vida del carbonero; he olvidado lo que me decía, pero su voz de pito retumba aún en mis oídos. Siempre parecía estar riéndose de mí, enseñando sus dientes largos y amarillos, y yo tenía miedo a abrir la puerta de la sala de estar porque estaba seguro de que lo encontraría allí esperando en el rellano, con su servilleta echada en el hombro derecho.
SUBIR A POR AIRE
"Es curioso cómo la guerra cambia a la gente. Hacía menos de tres años, yo era un joven y activo dependiente que se inclinaba sobre el mostrador con su delantal blanco diciendo: «¡Sí, señora! ¡Claro que sí, señora! ¿Y qué más será, señora?», con una vida de tendero por delante y tantas ganas de convertirse en oficial del Ejército como de ser nombrado caballero. Y ahora me encontraba allá, muy satisfecho de mi gorra y de mi cuello amarillo, desenvolviéndome bastante bien entre una serie de tipos que, como yo, eran señores por una temporada, y otros que ni a esto llegaban. Y —esto es lo realmente curioso— no considerándolo en absoluto extraño. En aquellos días, nada parecía extraño.
Era como si uno fuese manejado por una enorme máquina. No se tenía la impresión de actuar por propia voluntad, pero al mismo tiempo tampoco se le ocurría a uno resistir. Si la gente no tuviera esta sensación, ninguna guerra duraría tres meses. Los ejércitos recogerían sus cosas y se irían a casa. ¿Por qué me había alistado yo? ¿Por qué se habían alistado el otro millón de idiotas que lo hicieron antes de ser movilizados?
1961: Blaise Cendrars,
En mi primer hogar
Todo era redondo
Muy a menudo me imagino cómo podría
haber estado…
Mis pies sobre tu corazón, mamá
Mis rodillas contra tu hígado
Las manos crispadas en el conducto
Que termina en tu vientre
La espalda torcida como espiral
Las orejas completas los ojos vacíos
Todo encogido tenso
La cabeza casi saliendo de tu cuerpo
Mi cráneo en tu orificio
Yo gozoso de tu salud
Del calor de tu sangre
De los abrazos de papá
Muy a menudo un híbrido fuego
Electrizaba mis tinieblas
Un golpe sobre mi cráneo
me ablandaba
Y era lanzado contra tu corazón
Entonces el gran músculo de tu vagina
se contraía duramente
Yo dolorosamente cedía
Y tú me inundabas con tu sangre
Mi frente todavía está abollada
Por los porrazos de mi padre
¿Por qué permitir que eso suceda
y quedar medio estrangulado?
Si hubiera podido abrir la boca
Te habría mordido
Si hubiera podido hablar Habría dicho:
¡Mierda, no quiero vivir!
TIEMPO DE SILENCIO
Nacer, crecer, bailar una vez en la fiesta del pueblo delante de la procesión del Corpus con el moño alto, porque era buena bailarina y se decidió, que sí, que a pesar de todo, a pesar de estar determinada al dolor y a la miseria por su origen, ella debía bailar ante el palio en la procesión del Corpus, en la que el orgullo de la custodia a todos los campesinos de la plana toledana salva, hundirse después, hundirse hacia la tierra, rodear el airoso talle (que la hizo elegir para la fiesta) de tierra asimilada, comida, enterrarse en grasa pobre, ser redonda, caminar a lo ancho del mundo envuelta en esa redondez que el destino otorga a las mujeres que como ella han sido entregadas a la miseria que no mata, huir delante de un ejercito llegado de no se sabe dónde, llegar a una ciudad caída de quién sabe qué estrella, rodear la ciudad, formar parte de la tierra movediza que rodea la ciudad, la protege, la hace, la amamanta, la destruye, esperar y ahora gemir."
LA VIDA ES... ACORDARSE DE UN DESPERTAR
La vida es… acordarse de un despertar
triste en un tren al alba: haber visto
afuera la luz incierta: haber escuchado
en el cuerpo roto la melancolía
virgen y áspera del aire amargo.
Pero recordar la liberación
repentina es más dulce: junto a mí
un joven marinero: el azul
y lo blanco de su uniforme, afuera un mar todo fresco de color
Poema de medianoche, de Trashumante
"Ahora corre el silencio como gota de agua
sobre muro de piedra insensible al sonido,
como rayo de luna sobre un lago sin ondas,
como aroma de nardos enredado en la brisa,
es la hora del alma que sufre en el desvelo,
la hora de las lágrimas, de las evocaciones,
la hora en que se espera la llegada del alba
para que se disuelvan los difusos fantasmas
de seres y de cosas ya muertos y extinguidos.
Hora de media noche sin cantos ni campanas,
de almohadas empapadas de sudor y de llanto,
muda angustia se tiende sobre todas las cosas;
el sueño huye cobarde de los ojos cansados;
una voz misteriosa nos murmura al oído
frases que se apagaron en bocas ya cerradas,
en vano procuramos entender sus razones,
ya no tienen vigencia, ni importancia, ni ruido,
aunque el alma se esfuerce por captar su sentido.
Mi poema se alza sobre toda tortura,
sobre todo silencio, sobre toda tiniebla,
y da sus balbuceos como dan los segundos
sus "tic-tacs" desolados en la noche vacía;
no hay quien los escuche, pero ellos se deslizan
corriendo en el silencio como gotas de agua
sobre un muro de piedra. "
ABECEDARIO DE PÓLVORA
LA CAPA
Todo el ganado que recorre nuestros montes es de raza pequeña: los animales grandes difícilmente subirían por los senderos de cabras. Las ovejas que tenemos no dan más que cuatro gotas de leche. Por la esquila, en primavera, también dan más o menos eso: cuatro puñados de lana. La hierba es tosca y rala. Los rebaños han de pasarse el día escarbando. Desde que soy persona y tengo memoria, así es nuestro ganado. Como dice el Dos cigüeñas: «Esto no es Alemania, donde crían ovejas como elefantes». Sin embargo, hace algún tiempo que trajeron esa oveja de cara negra, la de Pleven1 . Tiene un morro alargado como de caballo y patas grandes, al igual que sus pezuñas.






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