Lo ultimito

lunes, 19 de enero de 2026

19 DE ENERO

 


LLEGARON


EL CAFÉ DE SURATE

"Tenía por esclavo a un cafre casi desnudo, y dejándolo a la puerta del café, se fue a recostar en un sofá, y tomó una taza de coquenar o de opio. Luego que esta bebida empezó a calentarle el cerebro, dirigiendo la palabra a su esclavo que estaba al sol, sentado en una piedra y ocupado en ahuyentar las moscas que lo devoraban, le dijo: ¡miserable negro!, ¿crees que hay un Dios? ¿Quién puede dudarlo? le respondió el cafre; y al decir estas palabras, sacó del andrajo de paño que le cubría la cintura, un muñeco de madera, y dijo: ved aquí al Dios que me ha protegido desde que estoy en el mundo; es hecho de una rama del árbol que adoran en mi país. -Todos los que estaban en el café, extrañaron tanto la respuesta del esclavo, como la pregunta de su amo.
Entonces un brama encogiéndose de hombros, dijo al negro: ¡pobre imbécil! ¡cómo!... ¿tú traes a tu Dios en la cintura? Pues sabe que no hay más Dios que Brama, criador del mundo, cuyos templos están en las orillas del Ganges. Los bramas son sus únicos sacerdotes, y por su protección particular subsisten ciento veinte mil años hace, a pesar de cuantas revoluciones ha habido en la India. "


Le dedicó este poema a Edgar Alan Poe

RESURGEMUS (Nos levantaremos)

No te lloro: no hay palabras que expresen
la solemne calma que atravesó mi pecho
cuando supe que tu alma había pasado
de la tierra a su descanso eterno;

Porque la duda y la oscuridad, sobre tu cabeza,
para siempre agitaron sus alas de cóndor;
y en sus tenebrosas sombras engendraron
formas de cosas indecibles;

Y alrededor de tu hogar silencioso,
la gloria que una vez se sonrojó y floreció
no era más que un sueño vagamente recordado
de «los viejos tiempos sepultados».

Aquellos ojos melancólicos que parecían
mirar más allá de todos los tiempos, o encendidos
en los ojos que amaban, tan suavemente radiantes,
qué pocos aprendieron su místico lenguaje.
Cuán pocos podían leer sus profundidades,
o conocer el corazón orgulloso y elevado que habitaba solo
en hermosos palacios de aflicción,
como Eblis en su trono ardiente.

¡Ah! Ningún corazón humano podría tolerar
esa oscuridad de tu condenación para compartir,
y ningún ojo vivo podría mirar
ileso tu terrible desesperación.

Sin embargo, mientras dure la noche de la vida,
mientras las lentas estrellas rueden sobre mí,
en las soledades del corazón mantengo
una vigilia solemne por tu alma.

Camino oscuros pasillos de clausura,
sobre tumbas que suenan solemnes;
mientras sobre el mirador, como un manto,
ondea una sombra oscura y fúnebre.

Allí, arrodillada junto a un santuario sin lámparas,
sola en medio de un lugar de tumbas,
mi espíritu errante suplica por el tuyo
hasta que la luz brille en las flores orientales.

Oh, cuando todas tus faltas sean perdonadas,
la vigilia de mi vida se cumplirá
en alguna tranquila altura del cielo,
el sueño de tu pensamiento profético.

Siempre cerca tuyo, alma en alma,
cerca de ti para siempre, pero, ¡cuán lejos
pueden nuestras vidas alcanzar la meta perfecta del amor
en el orden superior de tu estrella!




EL ESCARABAJO DE ORO

"Con gran cuidado clavó mi amigo una estaca en la tierra sobre el lugar preciso donde había caído el insecto, y luego sacó de su bolsillo una cinta para medir. La ató por una punta al sitio del árbol que estaba más próximo a la estaca, la desenrolló hasta ésta y siguió desenrollándola en la dirección señalada por aquellos dos puntos —la estaca y el tronco—hasta una distancia de cincuenta pies; Júpiter limpiaba de zarzas el camino con la guadaña. En el sitio así encontrado clavó una segunda estaca, y, tomándola como centro, describió un tosco círculo de unos cuatro pies de diámetro, aproximadamente. Cogió entonces una de las azadas, dio la otra a Júpiter y la otra a mí, y nos pidió que cavásemos lo más de prisa posible.
 



18 de agosto.
Por tercera vez, Erna ha fabricado las bombas en su habitación. Nos encontramos en nuestras posiciones a las tres en punto. Sostengo una bomba en mi mano. Mientras camino, los fusibles se golpean entre ellos a intervalos regulares dentro de la caja. Envuelvo la caja en papel y la ato con cuerda fina. Parece como si me hubiera pasado la mañana de compras.
Bajo caminando por la parte de la izquierda del callejón Stoleshnikov. El aire caliente huele a otoño. He pensado que en algún lugar las hojas de los abedules empezarán a amarillear. Nubes pesadas cruzan el cielo. De vez en cuando cae alguna gota de lluvia.
Agarro con cuidado mi bomba. Si alguien me golpeara por accidente, el fusible se rompería. En las esquinas de la calle hay muchos espías. Hago como si no los viera.
Me doy la vuelta. Todo está en silencio a mi alrededor. Los detectives consideran perezosamente a los viandantes que pasan a su lado. Tengo miedo de que sea ahora justo cuando pase el gobernador general. Sería difícil arrojar la bomba: me costaría reconocer su carruaje, no me daría tiempo a preparar la carga. Compruebo mis pistolas. Tengo dos, como Fiodor. Una es una Browning, la otra es una elegante arma de caballería Nagant. Las limpié ayer por la tarde y las cargué con cuidado.




EL VIAJE HACIA EL MAR

"Rodríguez sentía pasión por el mar. Cualquier pretexto le venía bien para llegar a él. No era pescador, ni le atraía el baño en las playas. Le gustaba el mar para verlo y sentarse a sus orillas, fumando en silencio, viendo nacer y morir las olas en un callado gozo.
“Siete y tres diez” era un viejo vendedor de billetes de lotería. Toda su familia la constituía su foxterrier al que había bautizado con el nombre de Aquino —el último cuatrero— como homenaje a éste y, además, porque el perro no podía ver la policía. Apenas veía un guardia civil huía ladrando en señal de protesta. Esto agradaba a “Siete y tres diez”. Comentándolo decía que Aquino “en eso salía a él”; además tenía la seguridad de que el can era un animal “fino, lo que se dice fino, pues tenía el paladar negro y era rabón de nacimiento”, lo que indicaba una segura aristocracia perruna.
Rataplán había sido basurero y ahora estaba jubilado. Era sordo de un oído y le faltaban dos dedos de la mano izquierda. Se los había deshecho una máquina de alambrar siendo mocito. Al revés de “Siete y tres diez” y su perro, hubiera sido feliz siendo soldado. El apodo le venía de su costumbre de seguir el batallón en sus desfiles por las calles del pueblo, repitiendo en voz baja el sonido del tambor.


Eco

A Maria-Lluïsa Palau

-¿Podrías decirme qué es el sol? -El sol.
-¿Y la luna, podrías? -Es la luna.
-¿Y por qué llora Pedro inconsolable?
-Porque en su vida no ha tenido suerte.

-¿Y qué son las montañas, las estrellas?
-Son solamente estrellas y montañas.
-¿Y estas raíces qué? ¿Y qué estas cañas?
-Pues no son más que cañas y raíces.

-¿Qué es esta mecedora? ¿Y esta mesa?
¿Y estas manos que forman sombras chinas?
Dime: ¿y el mundo, el hombre?
-Ved aquí
la faz final de la sabiduría:

Mírate a fondo, afirma siempre el ser
y aprende: nada más puedes hacer.




EL TALENTO DE MR. RIPLEY

"Finalmente, esperó hasta que dieron las ocho, ya que sobre las siete las entradas y salidas de la casa eran más numerosas que durante el resto del día. A las ocho menos diez bajó a la planta baja para asegurarse de que la signora Buffi no estuviese trajinando por allí y tuviese cerrada la puerta; además, quería estar completamente seguro de que no hubiese nadie en el coche de Freddie, aunque, horas antes, ya había bajado a comprobar que efectivamente el coche fuera el de Freddie. Arrojó el abrigo del muerto sobre el asiento de atrás. Volvió a subir al apartamento y, arrodillándose, colocó uno de los brazos del cadáver alrededor de su cuello, apretó los dientes, y tiró hacia arriba. Dio varios traspiés al intentar apoyarse mejor en la espalda el cuerpo inerte de Freddie. También horas antes había ensayado la operación del traslado, sin apenas lograr dar un paso debido al peso del cadáver, y en aquellos momentos el cadáver pesaba exactamente lo mismo que antes, pero había una diferencia: ahora tenía que sacarlo.



Ahora vivo más cerca del sol

Ahora vivo más cerca del sol, los amigos
no saben el camino: es bueno
ser así de nadie
en las altas ramas, hermano
del canto exento de algún ave
de paso, reflejo de un reflejo,
contemporáneo
de cualquier mirada desprevenida,
solamente este ir y venir con las mareas,
ardor hecho de olvido,
polvo dulce a la flor de la espuma,

YO NO ME RIO DE LA MUERTE

Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reír de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.

Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.


ANTES DE CONOCERNOS 

"Graham comenzó a jugar consigo mismo, basándose en un juego de la infancia. Tenía que encontrar en las repisas de Ann los libros que le habían regalado otras personas. Si no encontraba uno a la cuarta intentona había perdido. Si lo encontraba a la cuarta, podía coger otro; si lo encontraba a la segunda se ahorraba dos intentos y en el turno siguiente tendría seis posibilidades.
Haciendo sólo un poco de trampa consiguió que el juego durase veinte minutos, aunque para entonces el placer de la caza oscurecía cada vez más inoportunamente la rabia de la victoria. Cuando se sentó en el suelo y miró la pila de libros que representaban sus triunfos, sintió la cercanía de una lacerante tristeza. Encima de todos había un ejemplar de Un amor acabado. «No tengas mal recuerdo. Ha sido maravilloso. Con el tiempo tú también lo verás así. Ha sido casi demasiado bonito.


SE FUERON


TRES JUEGOS DE CARNAVAL

"El médico. Buenas noches, estaba en Nieden, pero parece que hay un enfermo aquí en Waern que necesita mis cuidados. Oigo la tos de alguien. ¿Hombre o mujer? ¿Quizás afligido por los celos o arrastrado por el vicio del alcohol? La enfermedad ya no es lo que era.
El siervo. Seños hemos pasado una mala noche. Usted no necesita ningún tipo de medicamentos. Acérquese a la puerta y entre, si le parece bien.
El médico. Béndito anfitrión aquél que dice a su huésped lo que necesita y lo que no necesita. ¿Seremos partícipes, entonces, de contraer una gran deuda? Entremos. Aquí yace doliente.
La enferma. ¿Puede ayudarme? Algo se agita en mi interior, pero no puede ser hidropesía. Mi físico es en extremo saludable y ahora el día y la noche pugnan dentro de mí.
El médico. Diría que ya sé lo que sucede.
La enferma. Doctor, ¿cuál es la fuente de mi lamento?
El médico. Turbia y un tanto amarillenta parece estar la zona abdominal.
La enferma. Mi vientre está tan hinchado y duro como los huesos de un cadáver.
El médico. Voy a preparar algo para librarla de la angustia de la muerte. "



ASI VA EL MUNDO

De esos pocos tontos, por una mala estrella malditos,
los peores, los llamados poetas que algo han escrito.
Pues son a quienes la fortuna esa cualidad entrega,
y después de haberlo hecho, de ellos reniega.
Con los zoquetes por naturaleza sucede otra cosa,
pues la fortuna alienta a toda esa raza de idiotas.
En el nido de la fortuna huevos de cuco se encuentran mas su deseo de empollar otros el sentido le descentra.
Para darle algo a los suyos apenas le queda nada,
pues la comida a sus adoptados le fue entregada.

1851: Esteban Echeverría, poeta argentino (n. 1805).

EL MATADERO

"Las campanas comenzaron a tocar rogativas por orden del muy católico Restaurador, quien parece no las tenía todas consigo. Los libertinos, los incrédulos, es decir, los unitarios, empezaron a amedrentarse al ver tanta cara compungida, oír tanta batahola de imprecaciones. Se hablaba ya como de cosa resuelta de una procesión en que debía ir toda la población descalza y a cráneo descubierto, acompañando al Altísimo, llevado bajo palio por el obispo, hasta la barranca de Balcarce, donde millares de voces conjurando al demonio unitario de la inundación debían implorar la misericordia divina.
Feliz, o mejor, desgraciadamente, pues la cosa habría sido de verse, no tuvo efecto la ceremonia, porque bajando el Plata la inundación se fue poco a poco escurriendo en su inmenso lecho sin necesidad de conjuro ni plegarias.

1947: Manuel Machado, poeta español (n. 1874).

A Jean Moreas

El conde, orgullo y gloria, las damas galantea
y a los nobles zahiere -madrigal y epigrama-,
cuando un paje, de lejos y por señas, le llama.
No lleva el paje escudo ni señorial librea.

«Venid -le dice quedo-; seguidme... ¡a donde sea!
Sólo deciros puedo que es hermosa la dama...
Mas a oscuras el sitio está donde se os llama,
y aún quiere que el camino desconocido os sea».

Duda un momento el conde, y recela, no en vano,
que siniestra emboscada aceche sus arrojos...
Mas, aferrando al cinto los dorados puñales,

al paje, que sonríe resuelto da la mano...
Y el pajecillo rubio pone sobre sus ojos
un pañuelo bordado con las armas reales.



AL SUR DE GRANADA 

"Ordené mis cosas en las habitaciones y me puse a pensar cómo organizarme para hacer todo esto. El agua era mi primera necesidad. Haciendo acopio de valor cogí el cántaro de barro y con él en la mano me fui a la fuente. Unas cuantas mujeres con pañuelos anudados a la cabeza y faldas cumplidas y entalladas me miraban y cuchicheaban. La conversación cesó en cuanto llegué y todas me miraban en silencio. Súbitamente se acercaron, me arrebataron el cántaro, lo llenaron de agua y todas a una lo llevaron a mi casa. Comprendí que había infringido de manera inexplicable las leyes de la aldea al tocar uno de esos objetos femeninos, y que probablemente si me aventuraba a cocinar cometería casi una ofensa.




NO SE PUEDE SER FELIZ SIEMPRE

La idea de escribir este libro se me ocurrió un día en que yo echaba pestes contra los pequeños achaques de la vejez y cuando, sin querer, volqué una caja llena de fotografías. He acumulado fotografías de todo tipo, con las personas célebres que entrevisté en las diversas circunstancias de mi vida pública. Ya me disponía a tirar todo aquello cuando una foto descolorida, una Polaroid, atrajo mi mirada. Fijaba un momento que yo había olvidado por completo y que entonces tuvo una resonancia en el presente. Pensé que aquel era un buen punto de partida para viajar por el pasado en zigzag, según el capricho de las fotos que fueran cayendo en mis manos.
Esta es una manera muy poco ortodoxa de construir un libro, pero es una manera que está más cerca de la memoria de lo que lo están ¡las memorias! "





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