Lo ultimito

miércoles, 28 de enero de 2026

25 DE ENERO

                  


LLEGARON


ESPERANZA

¡Oh día grande de la luz eterna!
¡Día sin fin!, la noche en ti no alterna,
quizá va a despuntar tu primer rayo,
yo te espero sin ansia ni desmayo;
se acabarán mis males pasajeros,
y empezarán los bienes verdaderos.

Yo aspiro a un trono de inmortal grandeza,
trono que nunca acaba cuando empieza,
y debo con mis méritos ganarlo;
yo he sido delincuente, debo expiarlo.
Yo me dirijo a celestial destino,
fuerza es sufrir las penas del camino.

¿Qué importa que esta vida deleznable
se pase en la amargura,
si de vida mejor y perdurable
puedo ganar con ella la dulzura?
El mal dura muy poco, y con la muerte
en corona de gloria se convierte.


Por los viejos tiempos.

¿Deberían ser olvidados los viejos amigos
y nunca recordarlos?
¿Deberían ser olvidados los viejos amigos
y los viejos tiempos?

Por los viejos tiempos, amigo,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de camaradería
por los viejos tiempos.

Los dos hemos corrido por las laderas
y arrancado las bellas margaritas,
pero hemos errado mucho con los pies doloridos
desde los viejos tiempos.

Por los viejos tiempos, amigo,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de camaradería
por los viejos tiempos.

Los dos hemos vadeado la corriente
desde el mediodía hasta la cena,
pero amplios mares han rugido entre nosotros
desde los viejos tiempos.

Por los viejos tiempos, amigo,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de camaradería
por los viejos tiempos.

Y he aquí una mano, mi fiel amigo,
y danos una de tus manos,
y ¡echemos un cordial trago de cerveza
por los viejos tiempos!

Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de camaradería
por los viejos tiempos.

Y seguro que tú pagarás tu trago.
Y seguro que yo pagaré el mío...
Y, aun así... ¡echaremos ese trago de camaradería
por los viejos tiempos!


RETRATO DE UN CABALLERO

Llegué a Seúl al atardecer, y después de cenar, hallándome algo cansado por el largo viaje en tren desde Pekín, resolví salir a dar una vuelta para estirar un poco las piernas. Caminé al azar por una angosta y bulliciosa callejuela. Me divertía observar el vaivén de los coreanos, vestidos con largas túnicas blancas y sombreritos de copa también altos; como las tiendas estaban aún abiertas se veían muchos artículos que, como extranjero, me llamaron la atención. Pronto llegué hasta una pequeña librería de libros usados; observando que en los estantes había muchas obras en inglés, me aventuré a entrar para hojearlas. Al ver los títulos se me oprimió el corazón, pues solo se trataba de comentarios sobre el Viejo Testamento, de extractos relacionados con las epístolas de San Pablo, etc., de autores sin duda eminentes, pero cuyos nombres me eran desconocidos. Supuse que aquella biblioteca debió de pertenecer a algún misionero a quien la muerte sorprendió durante su apostolado y que luego algún librero japonés había adquirido a vil precio.


Diario de una escritora (fragmento)

"Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: "¿Es esto?" Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es "eso"? No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí, la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square, con la luna allí arriba y las nubes como montañas. quién soy yo, qué soy, y todo el resto; preguntas que siempre flotan en torno: y de pronto doy de narices con algún hecho concreto -una carta, alguien- y vuelvo a ellos con un gran sentimiento de frescura. Y así continúa. Suelo toparme frecuentemente con este "eso", y experimento entonces un gran reposo."



Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!

De Molino rojo (1926).


IL TROVATORE

yo soy esa muchacha que llora sin parar, en el fondo de un cuarto oscuro. El calor entra por las hendijas, se cuela el pegajoso, enervante y turbio calor; exaspera las lágrimas, las calienta y la sal se hace más evidente: pero ya no son lágrimas, es algo más hondo y también ridículo. Me doy cuenta de esto al callarme un instante y comprender que ya he llegado al hipo, al gemido e incluso que lo estoy prolongando con desgano. Con desgano nunca, al contrario, cada vez más fuerte para que ojalá alguien, en alguna parte, lo escuche. No un ser humano sino algo distinto que debe de haber, que tiene que haber, en alguna parte del mundo, tal vez un ángel, ángeles, pero aquí no hay vida posible para los ángeles. Todo este mundo es sol y horno, sol líquido, chorreante, derretido y los ángeles tienen alas sensibles: aquí las alas gotean, se escurren por estas estúpidas paredes.


CANCIÓN A LA TIERRA

¡¿Quién ha dicho que todo es ceniza,
que la tierra semillas no acepta?!
La Tierra se ha muerto, ¿quién lo dice?


No, tan solo espera quieta.
No pueden robarle la fecundidad,
no se la quitarán, no hay manera.
¿Han quemado la tierra? No es verdad.
De tanto dolor se ha vuelto negra.


Parecen cortes las trincheras,
los boquetes heridas son.
Los nervios desnudos de la Tierra
conocen un pétreo dolor.
Puede aguantar y aguanta:
no lo dudes, la Tierra es fuerte.
¡¿Quién ha dicho que ya no canta,
que va a callar siempre?!


Tintinea, silenciando las quejas,
a través de sus llagas abiertas;
si la tierra es alma nuestra,
¡no la pueden aplastar las suelas!
¿Han quemado la Tierra? No es verdad.


No, tan solo espera quieta…

SE FUERON


Un tercero en discordia

[Minicuento - Texto completo.]

En su Vida de Apolonio, refiere Filostrato que un mancebo de veinticinco años, Menipio Licio, encontró en el camino de Corinto a una hermosa mujer, que tomándolo de la mano, lo llevó a su casa y le dijo que era fenicia de origen y que si él se demoraba con ella, la vería bailar y cantar y que beberían un vino incomparable y que nadie estorbaría su amor. Asimismo le dijo que siendo ella placentera y hermosa, como lo era él, vivirían y morirían juntos. El mancebo, que era un filósofo, sabía moderar sus pasiones, pero no ésta del amor, y se quedó con la fenicia y por último se casaron. Entre los invitados a la boda estaba Apolonio de Tiana, que comprendió en el acto que la mujer era una serpiente, una lamia, y que su palacio y sus muebles no eran más que ilusiones. Al verse descubierta, ella se echó a llorar y le rogó a Apolonio que no revelara el secreto. Apolonio habló; ella y el palacio desaparecieron.

FIN

ODA A LA INMORTALIDAD

[FRAGMENTO]

Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la yerba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.
En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre,
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
en la fe que mira a través de la
muerte,
y en los años que traen consigo
la mente filosófica.


Eclipse de tierra (fragmento)

"La dorada industria los sacó de allí poco menos que a puntapiés. Por un error al marcar los itinerarios, debido tal vez a que la casona de los Borrell se hallaba en el cruce de tres calles, el caso fue que se la incluyó en la ruta de varios grupos y Francisco y su acompañante resultaron ser los cuartos en llamar a aquella puerta con la pretensión de sacar al Asia de la idolatría. Como los dueños de la casa estaban ausentes y al portero, reumático y provecto, le costaba un trabajo ímprobo levantarse de su sillón y bajar los siete escalones para abrir el portal, y, por otra parte, le tenía sin cuidado el porvenir espiritual del Asia, cuando vio delante de sí a dos nuevos jovenzuelos armados de huchas y de fina dialéctica evangelizadora, los arrojó a empellones, con un vigor tan inesperado en su avanzada edad que de milagro no cayeron allí mismo descalabrados los pedantes apóstoles de la caridad.
Mariano propuso abandonar el campo; pero Francisco por nada del mundo se hubiese presentado con las manos vacías en el colegio.
 

HIJOS DE LA IRA - FRAGMENTO –

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?


El diccionario de las independencias (fragmento)

"La independencia, para mí, tiene un sentido sobre todo, espiritual. Me sería muy difícil sufrir transformaciones anímicas, si no fuese independiente.
La independencia no existe fuera de mí: existe por mis actos, mis elecciones, mis criterios. Trasciende el pasado y el presente. Llega al futuro y también lo trasciende. Sin ella, seríamos meros títeres de nuestro destino. Con ella, nos asombramos a cada instante, de nosotros mismos, de nuestra evolución a veces silenciosa, de cómo podemos cambiar sin traicionarnos, sin traicionarla a ella, que es nuestro acicate, nuestra luz, la fuerza que nos empuja hacia la libertad.
No hay que tenerle miedo a la independencia: es difícil, pero se puede alcanzar. No importa si uno está ya al final de su vida y aún no se ha atrevido. Siempre hay tiempo. Es un deber para ellos, para nuestro planeta, para nosotros mismos, para los que vienen detrás. "









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