Lo ultimito

sábado, 17 de enero de 2026

17 DE ENERO

 


LLEGARON


EL GÉNERO HUMANO TIENE

El género humano tiene
contra las fieras del mundo,
por más que horribles le cerquen,
su libertad afianzada,
como a sustentarse llegue
de aquel Pan y de aquel Vino,
de quien hoy es sombra éste…

Nadie desconfíe.
Nadie desespere.
Que con este Pan y este Vino
las llamas se apagan,
las fieras se vencen,
las penas se abrevian,
las culpas se absuelven.


Transcurrió un año.

Lady Isabel Carlyle lo pasó en el continente, refugio para los fugitivos como ella; a veces se trasladaba a una ciudad con su acompañante o se quedaba sola en una residencia. El capitán Levison la dejaba sola la mayoría del tiempo, para ir a París, sobre todo, donde daba rienda suelta a sus apetitos y llevaba la vida que le placía.
¿Cómo le había ido a lady Isabel? Pues como le va a una dama que cae de su pedestal. No tuvo un momento de calma, de paz o felicidad, desde la noche fatal en que abandonó su casa. En un momento de pasión salvaje, dio un paso a ciegas, y, en lugar del jardín de rosas que su seductor le había prometido (al que, en verdad, ella apenas había prestado atención, pues no era la razón que la impulsaba), se encontró hundida en un abismo de horror del que no podría escapar, nunca más, nunca más, como dice el poeta.



AGNES GREY

"Imposible describir la frescura y pureza del aire. Ninguna otra cosa se movía, ningún otro ser a la vista, solo yo. Mis pisadas eran las primeras que hollaban aquella arena virgen; ninguna señal sobre ellas desde que la última marea borrara las marcas más profundas del día anterior, y la dejara lisa y uniforme, salvo en las partes en que el agua había dejado algunos charcos y pequeños arroyos. Refrescada y vigorizada por la brisa, feliz, caminaba por la playa, olvidando todas mis preocupaciones, como si mis pies tuvieran alas y pudiese caminar cuarenta millas sin fatiga, y experimentando una sensación de entusiasmo que no recordaba desde los días de mi juventud. A alrededor de las seis y media, sin embargo, empezaron a acudir los caballerizos para ejercitar los caballos de sus amos, primero uno y luego otro, hasta una docena de caballos y cinco o seis jinetes, pero no tenía que preocuparme porque no llegarían hasta las rocas a las que yo me acercaba en aquel momento.


EL ÁNIMA SOLA
En aquel tiempo, como dicen los Santos Evangelios, hubo una estirpe que llenó el universo con su fama. Su nobleza fue la más alta y esclarecida; sus hombres todos, héroes y conquistadores; riquísimos sus feudos y regalías. Mas la muerte, envidiosa de esta raza, sólo dejó un vástago para propagarla. Con los títulos y privilegios que en él recayeron, vino a ser el castellano más poderoso de su época. Los reyes mismos le agasajaban, porque le temían.
En su ansia de perpetuarse, de restaurar la grandeza del apellido, pedía a Dios hijos varones por decenas, Como no se los diese bajó a dígitos y, por último, a la unidad. Pero Dios, o no estaba por excelsitudes de la tierra o quería mortificarle: a cada espera enviábale una hembra, cuando no dos. 


GANARÁS EL PAN

Los grandes focos eléctricos del teatro Real despedían torrentes de luz sobre las aceras mojadas. Vendedoras de flores y periódicos, curiosos, desocupados y mendigos se atropellaban en la puerta permitiendo a duras penas la entrada del público. Los coches al pasar acortaban un momento su marcha; algunos se detenían para que las personas que los ocupaban se apeasen, y partían de nuevo veloces, quebrando en fragmentos el cristal de los charcos que la lluvia dejó en el arroyo.
En el salón se extendía, compacta, como un solo conjunto, la alegre muchedumbre. Las lámparas eléctricas arrancaban de ella matices vivísimos, tintes de iris; centelleo de escamas al reflejarse sobre los suaves terciopelos, las brillantes sedas, los satinados rasos y los mantones de Manila que, como frescas manchas de paleta, se destacaban del monótono negro de los fracs.
Un movimiento continuo, una agitación incesante, extendíase por todo el salón. Oleadas de gente en corrientes diversas iban y venían de un extremo a otro. Voces, gritos, canciones, chistes y carcajadas. Formábanse corrillos, rinconcitos de intimidad en los que se hablaba en voz baja, cuchicheando, produciendo un ruido semejante al de los gorriones al nacer el día.



CARNAVAL

"El estudio, preparado para celebrar la fiesta del cumpleaños de Jenny, estaba alegre y tenía una pulcritud de sábado. Era un orden más aparente que real, ya que consistía en haber empujado todos los objetos que estaban desordenados en un rincón, cubriéndolos con una vieja capa pluvial española. Bajo este semicírculo de terciopelo descolorido había cebollas, barras de lacre, paletas, pinceles, trozos de cartón, un surtido de cuchillos y tenedores, una lata de piña en conserva, todavía sin abrir, muchas cartas sin contestar, un abrigo y otras muchas cosas de más utilidad que belleza. Ardía un buen fuego en la gran chimenea, disfrazando de juguetón mar bermejo al aguardillado techo.


A MENUDO ME OLVIDO…

A menudo me olvido de tu nombre,
y no sé quién eres.
Todos los nombres que se me ocurren
Son trampas, engaño.

Los nombres quieren enredarme,
Los nombres quieren cadenas de hierro,
Los nombres quieren enloquecer.

¡El sin Nombre! Sálvame,

Líbrame de los nombres,
¡Libérame de aferrarme al Nombre!
Todos los nombres que atrapaban ,

Sin Nombre, desecha los nombres!
¡Libérame, palabra viva!
Siembra semillas sin semillas.
¡Florece en el Nombre del sin Nombre!




TE MORIRAS PRIMERO

Te morirás primero, ya lo sé.
No creas que me importa.
Me vestiré de gala,
con los tacones altos miraré las estrellas
y andaré por las plazas como si fuera fiesta.
Ya verás,
cuando te mueras
irán nuestros amigos al entierro.

Habrá ramos, ofrendas,
un latido de pájaro golpeará las ventanas
y el altar se hará añicos durante el ofertorio.
Yo me pondré las gafas de no querer mirarte,
las de mirar el mar y verlo a mi manera.
Escucharé tus versos,
aquellos que escribiste antes de yo leerlos,
seguiré las estatuas
y me vendrá tu llanto y el amor que no tuve.

¿Te imaginas, amor?,

tú allí, muerto, tan solemne y tan quieto,
y yo un bullir de rosas en los bancos del fondo.
Yo, de rojo vestida, trenzas negras mi pelo
y las manos muy blancas acariciando espejos
por donde te has mirado.
Sin una sola lágrima.
Oculta por la pena que siempre fuera mía.

Pensando en tus caricias
y el júbilo perfecto de una siesta de sol
que nunca llegaría.
¿Te imaginas, amor?
Tus nietos, tus parientes,
y en el último asiento una hermosa muchacha
iluminado el arco de sus blancas axilas
por la luz de tus ojos.

Vendrán los oradores y hablarán de tu ingenio,
de tus muecas feroces,
de las horas amables en que ocupabas sitios,
lugares acordados.
Hablarán de tus gestos, de tu bufanda oscura,
del inconstante deleite de tu boca,
del mar que te ocupaba los momentos felices.
Llorarán los acólitos, las vírgenes de plomo,
los ángeles de cera.
Y nunca sabrá nadie que me he muerto contigo.



El silencio de Galileo (fragmento)

"Gerolt Visser dice, en su informe al Parlamento, que cuando colocó su ojo frente al lente sintió, durante los primeros dos o tres segundos, que sus pies perdían contacto con la cubierta del barco, que se elevaba de pronto en el aire y se volvía loco. Luego, durante los próximos tres segundos, tuvo la certeza de que había muerto de golpe, de que alguna trampa dentro del tubo lo había matado, y que en cuestión de un instante había subido al cielo. Pero solo fueron las impresiones de los primeros cinco segundos. Asustado, retiró el ojo del tubo y se colocó la mano sobre el corazón, que le latía como nunca antes lo había sentido. Miró a Hans sin decir una palabra.


SE FUERON



"Una alianza de los hombres que gozan de la Tierra en la misma época. Todos los coetáneos tienen que asociarse contra su enemigo común, la Tierra, para poder hacer frente a una de sus virtudes más terribles: la unidad de sus fuerzas. Este tipo de alianza nos ofrecen casi todas las teorías del Estado, pero con tanta mayor ligereza descuidan el otro tipo de alianza, no menos importante. El Estado es una alianza de las generaciones pasadas con las presentes y con las que les siguen, y al revés.


CAPÍTULOS QUE SE LE OLVIDARON A CERVANTES

Este don Quijote con su celada de cartón y sus armas cubiertas de orín se llevó de calles a Amadises y Belianises, Policisnes y Palmerines, Tirantes y Tablantes; destrozolos, matolos, redújolos a polvo y olvido: España ni el mundo necesitan ya de este héroe. Pero el don Quijote simbólico, esa encarnación sublime de la verdad y la virtud en forma de caricatura, este don Quijote es de todos los tiempos y todos los pueblos, y bien venida será adonde llegue, alta y hermosa, esta persona moral.
Cervantes no tuvo sino un propósito en la composición de su obra, y lo dice; mas sin saberlo formó una estatua de dos caras, la una que mira al mundo real, la otra al ideal; la una al corpóreo, la otra al impalpable.
La espada de Cervantes fue la risa: ved si la menea con vigor en el palenque adonde acude alto y garboso. Esa espada no es la de Bernardo: pincha y corta, deja en la herida un filtro mágico que la vuelve incurable, y se entra en su vaina de oro.


LAS TIERRAS FLACAS

"Con la música a otra parte había mandado Epifanio Trujillo a los que le trataban el arreglo de las competencias que hay costumbre de hacer cada año en Belén, entre las pastorelas de la región. No, no, por lo menos este año no quería guatos en su casa.
Se creyó al principio que la negativa era efecto de la luna en el humor del viejo carrascaloso. Las esperanzas se fueron desvaneciendo a lo largo de noviembre, a medida que las fases lunares transcurrían, sin quien sacara de su amachamiento al amo de la Casa Grande. La decisión comenzó a divulgarse por los ranchos, a soliviantar los ánimos, complicada con la exasperación que sembraban las noticias contradictorias de los vuelos del Demonio sobre la Tierra Santa, y de la mortandad causada en los lugares donde ha sido visto el Coludo.



TRES

1

El cantante callejero está enfermo
agachado junto al portal, se agarra el corazón.
Una canción menos en la noche ruidosa.

2

Del otro lado de la pared
el jardinero viejo planta sus tijeras de podar
Un nuevo joven
ha venido a cortar el seto

3

La Muerte llora porque la Muerte es humana
se pasa todo el día en una película
 cuando llora un niño.

premio Nobel de Literatura en 1989 

SAN CAMILO 1936

"En España hay más necios que locos, esto pasa en todo el mundo, los locos pueden acertar pero los necios no hacen más que necedades, con un arma en la mano es peor porque entonces lo que hacen son crímenes a voleo y sin ton ni son, éste quiero éste no quiero y aquí se hace lo que yo mando y usted se calla, o bien, ya he matado a ese que le estaba molestando a usted, le molestaba sólo con respirar, no me lo niegue, ¿por qué no se digna sonreírme?, le quedaría muy agradecido, se lo juro, si quiere mato a dos o tres más, basta con que usted me los señale, los necios, son de mucho cuidado, son capaces de hundir a un país al menor descuido en un hondo pozo de sangre, a Pepito la Zubiela jamás le llamaron José González González más que en la cédula personal, ¡españoles, mantened la conexión!, y ahora en los papeles de la autopsia y demás trámites legales, Pepito la Zubiela se está perdiendo unos momentos muy emocionantes, los muertos se desinteresan de todo, en esto dan un gran ejemplo a los vivos a quienes mata la curiosidad, que se dejan matar por curiosidad, que matan por curiosidad mientras el país se hunde en un hondo pozo de sangre y mierda en cuyo fondo habita el páramo del infierno. 


LOVE STORY - pdf -

¿Qué se puede decir de una chica de veinticinco años que murió? Que era linda. Y brillante. Que le gustaban Mozart y Bach. Y los Beatles. Y yo. Una vez, cuando me mezcló adrede con esos tipos musiqueros, le pregunté en qué orden me colocaba y ella contestó sonriendo: "Alfabético". Yo también sonreí entonces. Pero ahora que lo pienso bien, desearía saber si me ponía en la lista por mi nombre de pila —en cuyo caso estaría detrás de Mozart—, o por mi apellido —en cuyo caso estaría entre Bach y los Beatles. De cualquier modo no me tocaba el primer puesto, lo que por alguna estúpida razón me jodía hasta sacarme de quicio, habiendo crecido con la idea de que siempre tenía que ser el número uno en todo. Herencia familiar ¿saben?
 



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