LLEGARON
La vida (fragmento)
"Esta acción no tiene más motor, no desarrolla ni admite más pasión que una implacable venganza. Pero siendo la venganza una pasión -aunque fuerte por naturaleza- muy debilitada en las naciones civiles, ella es considerada vil y se acostumbra a reprobar y rechazar sus efectos. Sin embargo es cierto que, cuando es justa, cuando la ofensa recibida es atroz, cuando las personas y las circunstancias son tales que ninguna ley humana puede resarcir al ofendido y castigar al ofensor, entonces la venganza -bajo nombre de guerra, invasión, duelo, etc.- llega a ennoblecerse y a engañar nuestra mente a tal punto que no sólo se hace tolerable, también se connota de asombro y sublimidad. "
EL SEMBRADOR SEMBRÓ LA AURORA
El sembrador sembró la aurora;
su brazo abarcaba el mar.
En su mirada las montañas
podían entrar.
La tierra pautada de surcos
oía los granos caer.
De aquel ritmo sencillo y profundo
melódicamente los árboles pusieron su danza a mecer.
Sembrador silencioso:
el sol ha crecido por tus mágicas manos.
El campo ha escogido otro tono
y el cielo ha volado más alto.
Sembraba la tierra.
Su paso era bello: ni corto ni largo.
En sus ojos cabían los montes.
LA VIDA CRIOLLA EN EL SIGLO XVI
EL 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito, los españoles hicieron prisionero al joven emperador Cuauhtémoc y cayó en s us manos la ciudad de Tenochtitlán. Los gritos que habían sonado sin interrupción durante los numerosos días del sitio cesaron de improviso, y un silencio de muerte pesó sobre las ruinas. Los conquistadores, no pudiendo soportar el hedor de los enemigos muertos —una de las defensas heroicas de los aztecas—, decidieron salir del lugar apestado y establecer su campamento en el vecino poblado de Coyoacán.
Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964
1948
… Y ¿qué es ser joven en años y de repente ser despertada a la angustia, al apremio de la vida?
Es ser alcanzada un día por las reverberaciones de los que no nos siguen, salir a trompicones de la selva y caer en un abismo:
Es entonces estar ciega a los defectos de los rebeldes, añorar con pena, cabalmente, todos los opuestos de la existencia infantil. Es la impetuosidad, el entusiasmo desenfrenado, inmerso de inmediato en un torrente de desprecio propio. Es la cruel toma de conciencia de la propia presunción…
Es la humillación con cada desliz de la lengua, las noches insomnes ensayando la conversación del día siguiente, y atormentarse con la del día anterior… una cabeza inclinada entre las propias manos… es “dios santo, dios santo”… (en minúscula, por supuesto, porque no hay dios).
UNA HISTORIA DE LA MENTIRA
Cualquier persona es libre de creer en lo que quiera por medio de la fe. Aunque también sería deseable que el creyente que además de creer pretenda opinar, e incluso imponer su opinión a los demás, someta primero a una profunda purga sus verdaderas creencias y se familiarice con las nociones básicas de la historia y la sociología de las religiones. Porque es mentira que todas las opiniones valgan lo mismo. En nuestra actualidad es habitual que muchos hombres y mujeres se declaren cristianos pero, al mismo tiempo —por una cuestión de pereza intelectual, que no agradaría nada a su Dios—, no dediquen nunca siquiera unos minutos a pensar en lo que de verdad creen. Si a ese grueso de población cristiana que no va a misa se le pregunta por qué no es practicante, existe una respuesta estándar bastante recurrente: —Creo en Dios, pero no creo en la Iglesia
Su ensayo Una historia de la mentira (Alianza, 2020) ha sido traducido y publicado en EEUU, Reino Unido, Países Árabes o Rumanía
SE FUERON
En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y diréte, Inés, la cosa
más brava d'él que has oído.
Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.
La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.
Rebana pan. Bueno está.
La ensaladilla es del cielo;
y el salpicón, con su ajuelo,
¿no miras qué tufo da?
Comienza el vinillo nuevo
y échale la bendición:
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.
Franco fue, Inés, ese toque;
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
d'este vinillo aloque.
¿De qué taberna se trajo?
Mas ya: de la del cantillo;
diez y seis vale el cuartillo;
no tiene vino más bajo.
Historia de la decadencia y caída del imperio romano
"La reputación de Graciano, antes de alcanzar los veinte años, era igual a la de los más celebrados príncipes. Su ánimo gentil y amable le hacía hacerse querer por sus más cercanos amigos. La afabilidad llena de gracia de sus modos le granjeaban el afecto de la gente: los hombres de letras, que disfrutaban la liberalidad, admitían el gusto y la elocuencia de su soberano; su valor y destreza en la lucha eran igualmente aplaudidos por los soldados; y la iglesia consideraba la humilde piedad de Graciano como la primera y más útil de sus virtudes. La victoria de Colmar había liberado al Oeste de una formidable invasión; y las provincias del Este atribuían los méritos de su grandeza y de la seguridad pública a Teodosio. Graciano sobrevivió a estos memorables eventos únicamente cuatro o cinco años. Sobrevivió en base a su fama; y, antes de caer víctima de una rebelión, había perdido en gran medida el respeto y la confianza del pueblo romano.
LA NARIZ DE UN NOTARIO
Maese Alfredo L'Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le obligó a cambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario más notable de Francia. En la época aquella contaba treinta y dos años; era de elevada estatura, y poseía unos ojos grandes y rasgados, una frente despejada y olímpica, y su barba y sus cabellos eran de un rubio admirable. Su nariz (la parte más prominente de su cuerpo), se retorcía majestuosa en forma de pico de águila. Aunque alguno no me crea, su nítida corbata blanca le sentaba a maravilla. ¿Era debido esto a que la usaba desde su más tierna infancia, o porque se surtía de ellas en alguna tienda afamada? Yo opino que eran ambas razones a un tiempo.
Primera española corresponsal permanente en un país extranjero y corresponsal de guerra.
POESIA DEL DESTIERRO
Cuando dejé mi Patria llevaba la quimera
del amor y del triunfo cual musa compañera
y allá en las soledades de la nieve murió…
Pero de su alba forma vi surgir florecida
La verdad- la experiencia- que es la voz de la vida,
Y ella fue quien a España viva me reveló”.
Cancionero de la dicha, 1911
REQUIEM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL
"Recordaba Mosén Millán el día que bautizó a Paco en aquella misma iglesia. La mañana del bautizo se presentó fría y dorada, una de esas mañanitas en que la grava del río que habían puesto en la plaza durante el Corpus, crujía de frío bajo los pies. Iba el niño en brazos de la madrina, envuelto en ricas mantillas, y cubierto por un manto de raso blanco, bordado en sedas blancas, también. Los lujos de los campesinos son para los actos sacramentales. Cuando el bautizo entraba en la iglesia, las campanitas menores tocaban alegremente. Se podía saber si el que iban a bautizar era niño o niña. Si era niño, las campanas -una en un tono más alto que otra- decían: no és nena, que és nen; no és nena, que és nen. Si era niña cambiaban un poco, y decían: no és nen, que és nena; no és nen, que és nena.
CERVANTES. UN HOMBRE Y UNA ÉPOCA
"Entretanto, España se embriaga con este pensamiento que preside la reconquista del mundo. Éste, en lo sucesivo, pertenece al hombre, quien no se encuentra ya a gusto en el plano de relaciones creado por la revelación. Plano gratuito concedido por Dios a uno y a otro, en que el hombre, dueño provisional, debe un día retornar a una patria más cierta. Ahora es por su propio impulso como la conciencia humana se separa del mundo, lo mide y lo juzga, sin que, en la jerarquía de las causas, esté segura de sentir más allá de sí misma ningún regulador soberano. Es en el mundo mismo donde está la ley, y es preciso encontrarla. El mundo: un objeto, un espectáculo. Y un espectáculo extraño y confuso que obliga a la abstención y al escepticismo. Las opiniones y las costumbres son relativas.
Mi corazón está otoñando
Mi corazón está otoñando hiedras
al comenzar el alba,
me punza con sus voces de oro y de nostalgia,
yo no sé a qué muro, a qué edad
podrán aferrar para salvarse
de los círculos premiosos del aire.
Primero fue la luz la que estaba sola,
después la humedad del viento en las retamas, y luego todo y cada cosa
con su justa vocación de flor y lágrima.
Mi corazón está brotando estrellas
al regresar el alba
y no tengo cielo ni árbol para acunarlas.
María Dhialma Tiberti
Conversar con los árboles...
Conversar con los árboles
termina siendo una necesidad
para saber un poco más del hombre.
Cuando murmuran sus palabras rotas
deshechas en el viento,
aunque su lengua vegetal encierre
más secreto que comunicación,
hay que prestar oídos.
Y hablarles quedamente en español,
en el parque cuando la luz se va
con la sobria elegancia
de un lento y desdeñoso atardecer.











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