LLEGARON
LOS MISTERIOS DE PARIS
"Casi todos los días el canto matinal de la joven estimulaba a los canarios que más perezosos que su ama, no salían del nido tan de mañana. Entonces comenzaban los desafíos, la porfía de notas claras, sonoras, argentinas, en las cuales no siempre la victoria era de los pájaros. Alegría no cantaba: por primera vez en su vida tenía una pesadumbre. Hasta entonces algunas veces le había causado impresión el aspecto de la miseria de Morel, mas los pobres están demasiado hechos a semejantes cuadros para que su vista les cause un efecto duradero. Después de socorrer casi diariamente a esos desgraciados según se lo permitían sus medios y de llorar sinceramente con ellos y por ellos, sentíase a la vez conmovida y satisfecha; conmovida de sus infortunios, satisfecha por haberse mostrado compasiva. Esto, sin embargo, no era una pesadumbre, porque bien pronto la natural alegría del carácter recobraba su imperio, y además no por egoísmo sino por un sencillo efecto de la comparación se encontraba tan dichosa en su cuarto saliendo del horrible recinto de la familia de Morel, que su tristeza quedaba al punto desvanecida.
LA SIESTA
En un rincón de un patio fresco y ameno,
que alegran y perfuman aves y flores,
una niña morena, que tiene amores,
duerme, puestas las manos sobre su seno.
.Sueña, y al grato hechizo de cuanto mira
a través de la bruma de lo soñado,
se dilata su seno blanco y rosado,
y su boca de grana se abre y suspira.
Luz del alma ilumina su rostro hermoso:
se encienden sus mejillas, tiembla y sonríe,
y más con lo que sueña su amor se engríe,
y es cada vez su aliento más anheloso...
Murmura luego su nombre: nadie contesta...
Abre sus ojos negros con mudo espanto,
y al ver de sus quimeras roto el espanto
volviendo al sueño dice: ¡Bendita siesta!
Premio Nobel de Literatura 1944
LA CAIDA DEL REY
"Lucía, la muchacha de las cejas unidas sobre los ojos; Lucía, la hija del crepúsculo, no sabía reír. Sólo conseguía esbozar la mueca de una sonrisa sin alegría, como una muda que enseña los dientes amablemente cuando quiere hacer alguna advertencia. De cuando en cuando se dejaba ablandar, y entonces su sonrisa se parecía a un día de septiembre en Dinamarca, cuando los pájaros, libres de cuidados, se precipitan alegremente en bandadas bajo la bóveda del cielo transfigurado, mientras las flores se yerguen inmóviles, próximas a marchitarse. También Lucía empezaba a marchitarse. Ya habían volado lejos sus veinte años. A veces solía tararear el fragmento de una canción. Pero no estaba alegre. No sabía otra cosa que ir rodando hacia abajo como una criatura que fatalmente va bajando hacia el fondo del mar.
Un turno en la villa -pdf-
Aquella ocasión San Antonio estaba, como quien dice, listo para ponerse en camino. A pelo le caía eso de venirse a echar una cana al aire y sacudir un poco la pereza, ya que no es cualquier cosa estarse metido en un nicho polvoroso casi todo el año. Mucho extrañaba que siendo alguillo tarde, la luz no se entrase a chorros por las ventanas de la ermita, ni las golondrinas se diesen su paseíto matinal bajo el techo silencioso.
—Hola! —díjose para sus adentros—la mañana está tristona—y alzando la vista, él, como santo, pudo mirar un cielo de nubes cenizas y unas montañas bañadas de vapor. Y volviéndose hacia el picacho de la Carpintera, lo notó como dormitando bajo blancos crespones, que de puro densos se habían echado por las faldas.
—No importa—habló el santo encogiéndose de hombros: mañana oscura, tarde segura.
DECIDME COMO ES UN ÁRBOL
Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o sólo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.
1924: Ramón Xirau, poeta y
filósofo mexicano (f. 2017).
TEMPLO II
No sé si el tiempo nos busca anillo de luz
no sé si las naves azules
ven olas de luz en el camino
del templo. No sé si las miradas de las olas
renacen en las hojas, en las yedras,
en las arenas.
Las encrucijadas del viento, las ferias de la mañana
encienden, noche adentro,
las zarzamoras del fuego.
Mundo: ejercicio de los equilibrios leves
cae y no cae en el atardecer encendido,
no sé si nos ve en las yedras del templo.
¿Nos mira, nos mira, nos mira Sinnombre?
Sé que el silencio estalla
en las fresas vivas
de la tarde.
EL EXILIO – EL ELFO OSCURO II
Mientras Belwar conversaba con Drizzt, poco más allá del centro de la caverna, Clak había continuado la marcha y estaba y estaba a punto de alcanzar la salida. Cuando por fin el capataz se volvió para seguir al oseogarfio, éste habia desaparecido más allá de la arcada.
-¿Alguna cosa?- Gritó Belwar y esperó la respuesta de los dos compañeros.
Drizzt sacudió la cabeza al tiempo que subía. Dio una vuelta por la caverna, incapaz de creer que no hubiese corbis emboscados.
– Sin duda los hemos espantado- murmuró Belwar para sí mismo con la mirada puesta en la salida, pero , a pesar de sus palabras, el capataz no era tan tonto como para creerlo. Cuando Drizzt y él habían escapado de la caverna un par de semanas antes, habían dejado atrás varias docenas de hombres-pájaros. Era evidente que la muerte de unos corbis no era motivo suficiente para espantar al resto del clan.
SE FUERON
Desde 1991 hasta el 2001, los billetes alemanes
de cinco marcos llevaban su imágen
EL POETA
"Y así el dios ha utilizado al poeta como flecha, para disparar su ritmo del arco, y quien no lo perciba y (no) se pliegue a ello nunca tendrá habilidad ni virtud atlética para ser poeta, y demasiado débil sería uno así para poderse captar, sea en la materia, sea en el modo de ver el mundo de los antiguos o en el posterior modo de representación de nuestras tendencias, y no se le manifestará ninguna forma poética. Los poetas que se meten en formas dadas a fuerza de estudiar, no podrían más que repetir el espíritu dado una vez, se posan como pájaros en una rama del árbol del lenguaje y se mecen en ella según el ritmo prístino que reside en sus raíces, pero un poeta así nunca volaría como el águila del espíritu, empollada por el espíritu vivo del lenguaje. "
LAS MEDIAS ROJAS – OBRA PÓSTUMA –
Cuando la razapa entró, cargada con el haz de leña que acababa de me rodear en el monte del señor amo, el tío Clodio no levantó la cabeza, entregado a la ocupación de picar un cigarro, sirviéndose, en vez de navaja, de una uña córnea, color de ámbar oscuro, porque la había tostado el fuego de las apuradas colillas.
Ildara soltó el peso en tierra y se atusó el cabello, peinado a la moda «de las señoritas» y revuelto por los enganchones de las ramillas que se agarraban a él. Después, con la lentitud de las faenas aldeanas, preparó el fuego, lo prendió, desgarró las berzas, las echó en el pote negro, en compañía de unas patatas mal troceadas y de unas judías asaz secas, de la cosecha anterior, sin remojar. Al cabo de estas operaciones, tenía el tío Clodio liado su cigarrillo, y lo chupaba desgarbadamente, haciendo en los carrillos dos hoyos como sumideros, grises, entre el azuloso de la descuidada barba
Sin duda la leña estaba húmeda de tanto llover la semana entera, y ardía mal, soltando una humareda acre; pero el labriego no reparaba: al humo ¡bah!, estaba él bien hecho desde niño. Como Ildara se inclinase para sopla y activar la llama, observó el viejo cosa más insólita: algo de color vivo, que emergía de las remendadas y encharcadas sayas de la moza... Una pierna robusta, aprisionada en una media roja, de algodón...











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