Lo ultimito

viernes, 16 de enero de 2026

14 DE ENERO

 



Alguna vez hubo una dicha. El hombre
aceptaba el amor y la batalla
con igual regocijo. La canalla
sentimental no había usurpado el nombre

del pueblo. En esa aurora, hoy ultrajada,
vivió Ascasubi y se batió, cantando
entre los gauchos de la patria cuando
los llamó una divisa a la patriada.

Fue muchos hombres. Fue el cantor y el coro;
por el río del tiempo fue Proteo.
Fue soldado en la azul Montevideo

y en California, buscador de oro.
Fue suya la alegría de una espada
en la mañana. Hoy somos noche y nada.



RAMUNCHO

"Ahora abren, en la hermosa mañana de abril, los cristales de sus estrechas ventanas, practicadas a modo de troneras en el espesor de la muralla ruinosa.
Y la luz se precipita en oleadas que deslumbran sus ojos. La primavera resplandece en los campos. No habían visto nunca como ahora, sobre sus cabezas, cumbres tan altas y tan próximas. A lo largo de las pendientes frondosas y de las montañas cuajadas de árboles, desciende el sol irradiando en el fondo del valle sobre la blancura de la aldea, sobre la cal de las casas vetustas con sus verdes postigos.
Los dos despiertan radiantes de juventud, lleno de alegría el corazón. La mañana les promete, allá abajo, en el campo, en casa de los primos de la señora Dargaiñáraz, una visita a las dos muchachas que la víspera por la tarde debieron de llegar en coche: Graciosa y Paquita.



EL DOCTOR DOLITTLE

El Doctor Dolittle vivía en un pueblecito llamado Puddleby-on-the-Marsh. Todos los niños lo conocían bien, y también los animales, porque era muy bueno con ellos. Tenía muchos perros, patos, monos y otras criaturas extrañas que entraban y salían de su casa como si fuera la cosa más natural del mundo. Y aunque al principio la gente se reía de él, pronto descubrieron que el Doctor sabía cosas que nadie más sabía, especialmente cuando se trataba de entender a los animales.


Y estuve vivo

Y estuve vivo en la tempestad del peral en flor,
Yo mismo me erguí en la tormenta del cerezo aliso.
Todo era natura y lluvia de estrellas, certero y autodestructivo poder
Y todo me apuntaba a mí.
¿Qué es esta extrema delicia fluyendo, huyendo siempre de la tierra?
¿Qué es ser? ¿Qué es verdad?
Los florecimientos rompen y arrebatan el aire
Todo flotar y el martillo,

Tiempo que se intensifica y tiempo intolerable, decaimiento del deshilarse del dulzor.
Es ahora. Ahora no.

Su último poema conocido - (Mayo 4, 1937)



VIAJES DE ENTREGUERRAS

"¿Cómo puede el nuevo mundo lleno de confusión e ilusiones y cegado por el miraje de frases idealistas ganar contra la férrea combinación de hombres habituados a dirigir las cosas que sólo tienen una idea que les hace mantenerse unidos: la de preservar lo 
que poseen?"


CORAZÓN SALVAJE

Está sola bajo la única nave del diminuto templo, casa de Dios de anchas paredes blanqueadas de cal, de toscos arcos co-loniales en los que clavan sus tallos prensátiles las frescas enre-daderas tropicales. Cerca del altar están los reclinatorios de ter-ciopelo de los D'Autremont: luego, los largos bancos de madera para los jornaleros y sirvientes. Pero ni amos ni servidores aso-man en este instante por sus altas puertas. Sólo la frágil mu-jer vestida de negro que reza y llora con las manos juntas, y, como una sombra, Renato D'Autremont que desde lejos la contempla…

-Señor, no permitas que mi lengua vuelva a moverse tor-pemente. Dame la fuerza de callar y la humildad de bajar la cabeza frente a la injusticia…

LOS SIETE PUENTES

"Podrá parecer ésta una meta bastante peculiar, pero, como sus repentinos ataques de hambre, pertenecía a su modo de vivir. Mientras caminaba bajo la luna, estos pensamientos se convirtieron en extrañas convicciones. Mantuvo la espalda más derecha que nunca y fijó la mirada hacia adelante. El Puente Tsukiji es un puente totalmente desprovisto de encanto. Los cuatro pilares de sus extremos carecen de todo atractivo. Sin embargo, mientras lo cruzaban, las cuatro mujeres pudieron oler por primera vez algo parecido al aroma del mar. Soplaba un viento con reminiscencias de brisa salada. Hasta un aviso de neón rojo perteneciente a una compañía de seguros, que podía divisarse hacia el sur, parecía un faro proclamando la proximidad del océano.



LA ESPAÑA DE CERVANTES

Hoy en día, la tendencia es más bien de matizar el concepto de declive. La decadencia no es una situación objetiva, sino un fenómeno psicológico: los castellanos de principios del siglo XVII tenían la impresión de vivir en una nación que ya no era la que fue, que había entrado en decadencia. ¿Era exacta esta impresión? Desde luego, no cabe duda de que la situación de la economía había empeorado desde mediados del siglo pasado: muchos campesinos habían abandonado sus tierras y sus hogares para buscar refugio en las ciudades; de esta forma iba la producción disminuyendo mientras crecía el número de desocupados, mendigos y marginados...


 

LA CIUDAD PROHIBIDA

Envuelta en el marasmo de las ambiciones europeas, el arcaísmo de sus estructuras y la impotencia política, la dinastía Qing está viviendo sus últimos días. Pero aún conserva todo su esplendor. Justamente en esos tiempos Orquídea, una bella joven de diecisiete años perteneciente a una familia aristocrática venida a menos, es escogida para convertirse en concubina del Emperador.
La joven, con su belleza y talento innatos, llega a convertirse en maestra de la seducción y triunfa sobre sus rivales. Ya tiene el poder, pero es un poder sobre un país que se desmorona.



Todos son puñales, puñales afilados, afiladísimos. Son puñales los recuerdos y son puñales los sueños; y los despertares, el café, estos momentos, son también puñales. ¿A qué se debe este andar sin dejar rastro? Caminas siempre hacia adelante, caminas en la misma dirección veintidós años y, cuando quieres contemplar la distancia recorrida, cuando quieres identificarte con el camino, descubres que el tal camino no existe, que estás, en el punto cero, en el núcleo de la rosa de los vientos, y que tomes el camino que tomes, no te mueves del sitio. Es un desierto, un mar, un cielo, una hoja en blanco; y tú eres el peregrino parado, Caronte sin remo, ave áptera, estilográfica sin tinta. Eres el cero, más aún, eres esa parte del cero que carece de marca, de trazado; eres el interior de un cero, una cosa hecha en negativo, por límites, contraposiciones, reflejos y sombras. Pero ¿de qué estás hablando? Es más, ¿por qué te dices esto a ti mismo cuando es a los demás a los que tienes que decírselo? ¿Para cuándo estás reservando en tu cabeza, sufrido odre, este acíbar/negrura/ponzoña que destila tu soledad? Abre la boca y deja que salga el ave oscura de tu miedo, no importa que asole la mente de alguien, no importa que te tomen por loco y te encierren, lo único que importa es no estar solo ante ella, no tener el enemigo dentro.

SE FUERON



A TRAVES DEL ESPEJO Y LO QUE ALICIA ENCONTRÓ ALLÍ.

"Supongamos que me hubieran castigado cada vez a quedarme sin cenar; entonces cuando llegara el terrible día en que me tocara cumplir todos los castigos ¡me tendría que quedar sin cenar cincuenta comidas! Bueno, no creo que eso me importe tantísimo. ¡Lo prefiero a tener que comérmelas todas de una vez! —¿Oyes la nieve golpeando sobre los cristales de la ventana, gatito? ¡Qué sonido más agradable y más suave! Es como si estuvieran dándole besos al cristal por fuera. Me pregunto si será por amor por lo que la nieve besa tan delicadamente a los árboles y a los campos, cubriéndolos luego, por decirlo así, con su manto blanco; y quizá les diga también «dormid ahora, queridos, hasta que vuelva de nuevo el verano»; y cuando se despiertan al llegar el verano, gatito, se visten todos de verde y danzan ligeros... siempre al vaivén del viento. ¡Ay, qué cosas más bonitas estoy diciendo! —Exclamó Alicia--



EL CUENTO DEL CID

A seis kilómetros de Burgos próximamente, pasado el pueblo de Villatoro, y a la derecha de la carretera, se ve asomar por entre un grupo de chopos lombardos, álamos, olmos y nogales, lo que existe en pie del que fue un día famoso monasterio de Fres del Val: su triste, viuda y solitaria espadaña, los robustos muros de la que fue su grandiosa iglesia y las viejas paredes que resguardan su claustro gótico-florido, resto admirable de su antigua majestad.

Se levanta el monasterio en la falda de un monte que se parte en dos, como para darle abrigo y grato asiento. Parece abrirse en dos brazos, que extiende por uno y otro lado cual si quisiera protegerlo y estrecharlo en ellos, o mejor, como si los abriera prolongándolos a uno y otro lado por el valle, para que desde las ventanas del edificio se pueda gozar del soberbio panorama que ante él se despliega.



Sabiduría

Nada a las fuerzas próvidas demando,
pues mi propia virtud he comprendido.
Me basta oír el perennal ruido
que en la concha marina está sonando.
Y un lecho duro y un ensueño blando;
y ante la luz, en vela mi sentido
para advertir la sombra que al olvido
el ser impulsa y no sabemos cuándo.
Fijar las lonas de mi móvil tienda
junto a los calcinados precipicios
de donde un soplo de misterio ascienda;
y al amparo de númenes propicios,
en dilatada soledad tremenda
bruñir mi obra y cultivar mis vicios.




EL AVENTURERO HUNGARO

Hubo una vez un aventurero húngaro de sor­prendente apostura, infalible encanto y gracia, do­tes de consumado actor, culto, conocedor de mu­chos idiomas y aristocrático de aspecto. En realidad, era un genio de la intriga, del arte de librarse de las dificultades, de la ciencia de entrar y salir dis­cretamente de todos los países.

Viajaba como un gran señor, con quince baúles que contenían la ropa más distinguida, y con dos grandes perros daneses. La autoridad que de él irra­diaba le había valido el sobrenombre del Barón. Al Barón se le veía en los hoteles más lujosos, en los balnearios y en las carreras de caballos, en via­jes alrededor del mundo, en excursiones a Egipto y en expediciones al desierto y África.



Tienes que cruzar

Si no, no es posible.
No hay ningún atajo que lleve a la vida.
Duele espantosamente.
Hay otros que lo saben.
Intenta alcanzarlos.
Si ya no puedes hablar
escúchales.
Si ya no puedes escuchar
piensa en ellos.
Si ya no puedes verlos
intenta recordar a los que has visto.
Son muchos.
Son muchos más que tú.



El juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.


NO ESCRIBO PARA MI

No escribo para mí,
sino para los otros, para quienes
desde el crepúsculo se asoman
por la ingente ventana del poema
y sus ojos son noche.

Quienes sólo ven fórmula,
en el alba perciben la sorpresa.

La mañana no siempre nos descubre,
tras el vocablo, el mito o el ensueño;
es necesario entonces el estímulo,
el sincero latido, la visión
con que el actor declama la belleza.

No escribo para mí.
Labrador
de recuerdos y lunas en creciente,
un universo vecinal conjuro:
declive soy de aquello que la vida
merma en los arrecifes de la aurora.

Me dijeron que había bibliotecas,
dispensarios que en la salud culminan
del espíritu. Y fueron el imán,
las lluvias que atrajeron y regaron
mis frutos y parcelas, los vocablos
con que abonar la estirpe a mis temperos.

Fue mi predio la calle.



HACE YA TIEMPO QUE NO SE DE TI

Hace ya tiempo que callas, lejana.
Mañana de los lunes en el viejo
archivo provincial, legajos, cintas
rojas de las carpetas, boletines.
Todo el oficinal rito perenne
se estremecía al aire del lentisco,
al varear de juncos en las fugas,
al corno inglés en óperas de Weber.

Y queda aún olor de jara y pólvora,
en el veraz relato, entre tus manos,
hace ya tiempo.

Y pienso en ti y sonrío y me es grata
tu memoria, como una prenda usada
de abrigo al calofrío de la casa.




LOS ESTATUTOS DEL HOMBRE

Traducción de Mario Benedetti

Artículo 1.
Queda decretado que ahora vale la vida,
que ahora vale la verdad,
y que de manos dadas
trabajaremos todos por la vida verdadera.

Artículo 2.
Queda decretado que todos los días de la semana,
inclusive los martes más grises,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Artículo 3.
Queda decretado que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de la sombra;
y que las ventanas deben permanecer el día entero
abiertas para el verde donde crece la esperanza.

Artículo 4.
Queda decretado que el hombre
no precisará nunca más
dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo azul del cielo.

Parágrafo único:
El hombre confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.

Artículo 5.
Queda decretado que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio
ni la armadura de las palabras.
El hombre se sentará a la mesa
con la mirada limpia,
porque la verdad pasará a ser servida
antes del postre.

Artículo 6.
Queda establecida, durante diez siglos,
la práctica soñada por el profeta Isaías,
y el lobo y el cordero pastarán juntos
y la comida de ambos tendrá el mismo gusto a aurora.

Artículo 7.
Por decreto irrevocable
queda establecido
el reinado permanente
de la justicia y de la claridad.
Y la alegría será una bandera generosa
para siempre enarbolada
en el alma del pueblo.

Artículo 8.
Queda decretado que el mayor dolor
siempre fue y será siempre
no poder dar amor a quien se ama,
sabiendo que es el agua
quien da a la planta el milagro de la flor.

Artículo 9.
Queda permitido que el pan de cada día
tenga en el hombre la señal de su sudor.
Pero que sobre todo tenga siempre
el caliente sabor de la ternura.

Artículo 10.
Queda permitido a cualquier persona,
a cualquier hora de la vida,
el uso del traje blanco.

Artículo 11.
Queda decretado, por definición,
que el hombre es un animal que ama,
y que por eso es bello,
mucho más bello que la estrella de la mañana.

Artículo 12.
Decrétese que nada estará obligado ni prohibido.
Todo será permitido.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Post Top Ad

Your Ad Spot