Lo ultimito

domingo, 8 de febrero de 2026

31 DE ENERO

 


LLEGARON


EL SABIO Y EL GLOTÓN

Había en un lugarón
Dos hombres de mucha edad,
Uno de gran sobriedad
Y el otro gran comilón.

La mejor salud del mundo
Gozaba siempre el primero.
Estando de Enero a Enero
Débil y enteco el segundo.

«¿Por qué el tragón dijo un día
Comiendo yo mucho más
Tú mucho más gordo estás?
No lo comprendo a fe mía.»

«Es le replicó el frugal
Y muy presente lo ten,
Porque yo digiero bien,
Porque tú digieres mal.»

Haga de esto aplicación
El pedante presumido
Si porque mucho ha leído
Cree tener instrucción,

Y siempre que a juzgar fuere
La regla para sí tome:
No nutre lo que se come
Sino lo que se digiere.



FELIPE EL PRUDENTE : DRAMA EN CINCO ACTOS

Rey. Yo voy á ser el esposo que se destina á la infanta.

Carden. ¿Y el francés...

Rey. Eso se salva con breves negociaciones; si hacen falta esplicaciones, se las dará... el duque de Alba.

Duque. Yo , señor?. . .

Rey. Qué hay que te asombre?
Muy digno de este honor eres;
tú llevarás mis poderes
para casarte en mi nombre.
Vas á una nación de amigos ;
por eso, si te acomoda ,
para dar brillo á la boda ,
llevas... treinta mil testigos.
Y al Rey; á la Francia , al mundo,
dales por toda razón ,
  que es esta la decisión 
del Rey Felipe Segundo.

(£1 Rey,con indiferencia y se dirige a su habitación :la corte permanece asombrada. El Principe cae  en braxos de Lermat y el Bufón, cruzado de braxos, se queda mirándole con sonrisa triunfante.)



El cazador de pumas (fragmento)

"La furia del cazador y de su caballo suscitó en mí un sentimiento de temor que refrenó mi admiración. Vi cómo las verdes ramas de un pequeño cedro se movían e inclinaban para permitir el paso del enorme caballo, con su jinete doblado sobre la silla y con su cabeza tocando al cuello del animal. Llegó luego a mis oídos el ruido producido por el chasquido de los arbustos al romperse y por los cascos del caballo al galopar en dirección hacia el lugar por donde habían pasado los sabuesos hacía un momento.
Nos apresuramos a seguir la senda que Hiram había abierto, inclinándonos sobre el cuello del caballo y agarrándonos a la perilla de la silla para no resbalar y, aunque teníamos la trocha que él había señalado y seguíamos su rastro a menos de la mitad de la velocidad que él llevaba, los arañazos y los golpes de las ramas de los cedros eran verdaderamente casi insoportables. Pero seguíamos adelante.
A poco más de medio kilómetro en el interior del bosque, nos encontramos inesperadamente junto a Hiram. Había desmontado y estaba escudriñando el suelo. Mux-Mux y Curley estaban a su lado por haber perdido, al parecer, la pista que seguían. De repente, Mux-Mux abandonó el pequeño claro y con un hosco y rápido ladrido, desapareció bajo los árboles. Curley se sentó sobre sus ancas y lanzó un gañido. "


LA PRIMACIA ABSOLUTA DEL BIÉN COMÚN

La persona y el bien común. El hombre como individuo tiende a conquistar su emancipación en el seno del Estado, al que se ordena como la parte al todo. El bien común difiere específicamente de la simple suma cuantit a t i va de los bienes individuales; y es más noble, en su misma línea, que el bien individual, superior a los intereses del individuo en tanto que éste es parte del todo social. Y el hombre, en cuanto i n d i v i d u o, se ordena a él porque es parte o fragmento de una especie, y por eso puede ser destinado a un todo superior, que es el bien común del Estado. Sólo encuadrando al hombre como individuo en el bien común podemos pre c a vernos contra el anarq u i smo en cualquiera de sus formas, y explicar la primera parte de mi c a rtel: «el individuo, para el bien común». En cambio, el hombre como persona tiende a conquistar su deificación superando los estrechos límites de la sociedad y el bien común, porque sabe que está ordenado a un bien todavía más alto, al que se subordina incluso el Estado, y que es la libertad de autonomía, la libertad de Dios. Y esto es así porque el hombre como persona es un todo que no puede entrar en composición con nada superior a él, pues de lo contrario la persona se conve rt i r í a en parte de otra cosa y dejaría por eso mismo de ser persona. Sólo asegurando al hombre una extraterritorialidad sobre el Estado puede eludirse el totalitarismo, y explicar la segunda parte de mi rótulo: «el bien común, para la persona».


Los naufragios del corazón (fragmento)

"Tras cuatro meses de silencio y en vísperas de partir de nuevo para África, me envía una breve carta pidiéndome perdón por no saber ser egoísta. La visión de su letra, pequeña y ordenada, en el sobre beis de mala calidad, me conmueve más de lo que hubiera querido. «Karedig, quiero que sepas que tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida —escribe en sus acostumbradas hojitas de cuadernillo de rayas, como esos que se encuentran en las tiendas de ultramarinos —. En cada uno de nuestros encuentros me decía que quizá fuera para nosotros el final del camino. Conoces mi maldito fatalismo. Pero la vida no me ha tratado bien. A veces me da por pensar qué habría sucedido si los prejuicios de tu familia y tu negativa a confiar en mí no nos hubieran conducido a esta situación.
Resérvame un sitio pequeño en tu corazón. Por mi parte, me ho kar (“te amo”).
Ya buscarás en tu diccionario de bretón. Y siempre será así. Pero la vida no ha querido.»
No le contesté puesto que ni siquiera me decía si volvería a correos a buscar mis cartas. Y además incitarlo a seguir queriéndome me parecía una estafa.
¿Cómo reclamarle un amor que lo ponía enfermo de remordimientos mientras que a mí me daba una razón adicional para vivir?


Los desnudos y los muertos (fragmento)

"Lo único importante es tener estilo». Lo había dicho en una ocasión, y a falta de otra cosa había vivido siempre de acuerdo con esa máxima, hasta el momento bastante satisfactoria. La única cosa realmente importante era no permitir que nadie, bajo ningún concepto, por extremo que fuera, quebrantara nuestra integridad, y aquél había sido un caso extremo. Hearn sentía que un quiste enorme, supurante, virulento, había reventado en su interior, infectando su sangre, infiltrándose por todos los conductos de su cuerpo con una impetuosidad súbita que lo trastocaba por entero. Tendría que reaccionar o morir, y por primera vez en su vida, no estaba seguro de su capacidad. La situación era insoportable. Tenía que hacer algo y no sabía qué. El momento era insufrible. Dentro de la tienda, el calor del mediodía era aplastante, atroz, pero él permanecía inmóvil, con su pronunciado mentón apretado contra la sábana del catre, con los ojos cerrados, como si estuviera contemplando todos los procesos, todas las cosas que había aprendido y desaprendido en su vida, y que ahora estaban desgajados y recorrían su interior, con la vehemencia y la angustia de todo lo que ha estado sofocado demasiado tiempo. "

Premio Nobel de Literatura 1994

Renacimiento (fragmento)

"El diario, cuya sede se veía al oeste de la orilla del canal, había publicado el artículo sobre Kogito en la sección de noticias locales de su edición matutina:
Al finalizar el pasado semestre, un estudiante del instituto fue premiado por la Dirección de Educación e Información Cultural de Estados Unidos. Este muchacho de segundo curso, al tiempo que preparaba el examen de ingreso a la universidad en la biblioteca del CIE de Matsuyama, había leído un libro completo en inglés. La directora del centro fue informada a través de los empleados japoneses de que el estudiante conocía bien el contenido del libro. Se trataba del primer tomo de Las aventuras de Huckleberry Finn y contenía ilustraciones. Aunque suene a libro para niños, no lo es, sobre todo porque utiliza un lenguaje que contiene matices del dialecto que hablan los negros del sur del país que es muy difícil de entender. El muchacho pudo traducir al japonés sin titubeos la parte que le señalaron y dejó muy impresionado al oficial de la base que actuaba como consejero del centro…


El ojo de la cerradura (fragmento)

"Estuve una semana soñando con esta mujer que se manifestó en el periódico a finales de abril, el Día del Libro. Apareció en color, a toda página, aunque ustedes la vean ahora en blanco y negro: mala suerte. Su cuerpo era rubio como la cerveza, como el pan recién horneado, como el trigo. Añada usted los tópicos que se le ocurran, todos le sientan bien. No fuimos capaces de decidir si se trataba de un territorio o un mapa. Quizá eran las dos cosas a la vez. ¿Acaso no son reales sus accidentes geográficos? ¿No son ciertas esas manos que se cruzan a la altura del pecho con un alboroto de plumas? ¿No es innegable la erupción de esa garganta que se resuelve en una carcajada? ¿No es verdad el compás de las piernas? ¿No tiene, en fin, todo lo que debe tener un territorio, incluso todo lo que debe tener una patria?



SE FUERON


Pellico y gran parte de sus amigos forman parte de la sociedad secreta de la Carbonería y pueden considerarse Federales; ese es el motivo por el que en 1820 la policía austríaca detiene a Pellico, Piero Maroncelli y otros miembros y los conducen a la prisión de Santa Margherita. Es trasladado a Venecia en febrero de 1821, donde compone varios Cantiche y las tragedias Ester d'Engaddi e Iginici d'Asti.

Es condenado a muerte en febrero de 1822, aunque la pena es conmutada por cuarenta años de dura prisión. La dura experiencia carcelaria concluye en 1830 por un indulto imperial y su repatriación, y constituye el tema de la obra autobiográfica Le mie prigioni (publicado en español como Mis prisiones), obra que alcanza gran popularidad. Se dice que esta obra causó más daño a Austria que una batalla perdida.


A los cuarenta años

Cuando durante cuarenta años hemos escalado la montaña escarpada,
Nos detenemos y miramos hacia atrás;
Más allá todavía vemos la fuente pacífica de nuestra infancia,

Y la juventud exultante extraviada.

Una mirada más atrás, y luego, adquiriendo nuevas fuerzas,
Bastón agarrado, ya no se queda;
¡Mira, una pendiente más larga, todavía aspirante,
antes de que el camino gire hacia abajo!
Tome una respiración valiente y larga y hacia la cumbre 

La meta te atraerá;
Cuando menos lo piensas, el final destinado está cerca de ti.
¡De repente, el viaje ha terminado!

El compositor alemán Robert Schumann (1810 - 1856) compuso un coral op. 141 n.º 1, titulado An die Sterne (A las estrellas), con letra de Rückert. El compositor Gustav Mahler compuso un ciclo de canciones sinfónicas titulado Kindertotenlieder o Canciones a la muerte de los niños (1901-1904) con la letra de cinco de los 428 poemas que Rückert escribió entre 1833 y 1834, dedicados a la muerte de sus hijos por causa de fiebres escarlatinas.



- LAS HIJAS DEL ZEBEDEO –

LAS CARCELERAS

"Al pensar en el dueño
De mis amores
Siento yo unos mareos
Encantadores...
Bendito sea
Aquel picaronazo
Que me marea"

"A mi novio yo le quiero
Porque roba corazones
Con su gracia y su salero..."



"Caprichosa yo nací
Y lo quiero solamente
Solamente para mí
Que quitarme a mí su amor
Es lo mismo que quitarle
Las hojitas a una flor."



Premio Nobel de Literatura 1932

Prado florido (fragmento)

"En un centro literario como Londres, donde casi todos los días se publican media docena de libros nuevos, la aparición de un tomito de versos es, generalmente, un hecho sin trascendencia. Pero las circunstancias hicieron que la publicación de El Leopardo y otros poemas fuera un «acontecimiento literario». Se trataba de los primeros versos que Wilfrid publicaba desde hacía cuatro años. Él era una figura solitaria, que se distinguía por un talento artístico raro en la vieja aristocracia, por el sentido de amargura y la vivacidad de sus versos precedentes, por su permanencia en Oriente, que le había mantenido apartado del mundo literario, y finalmente por el rumor que corría sobre su conversión al islamismo.
Cuando, cuatro años antes, apareció su tercer tomo, alguien le había calificado de «pequeño Byron»; la frase fue afortunada. Además, había encontrado a un joven editor que dominaba el arte de «lanzar» a un autor. Desde que recibió el manuscrito de Wilfrid, el editor se puso a dar comidas y cenas, y a recomendar a la gente que no dejara de leer El Leopardo, la obra más sensacional en poesía después de la publicación de El Sabueso del Cielo. A la pregunta: «¿Por qué?», contestaba con guiños y con medias sonrisas. ¿Era cierto que el joven Desert se había hecho musulmán? Desde luego. ¿Y estaba en Londres? Naturalmente. Pero era el más tímido y extraño animal de la grey de los literatos.



La loca de Chaillot (fragmento)

"Todos los vivos tienen suerte…Evidentemente, el despertar no es siempre muy alegre. Eligiendo en el cofre hindú el cabello del día, sacáis la dentadura postiza del único vaso que ha quedado del juego después de la mudanza de la calle Bienfaissance, y podéis evidentemente, sentiros un poco decepcionado de este bajo mundo, sobre todo si acabáis de soñar que erais una niña y que ibais a recoger frambuesas montada en un burrito. Pero para sentiros atraídos por la vida, basta encontrar en vuestro buzón una carta con el programa del día. Esta carta la escribe uno mismo la noche anterior; es lo más razonable: recoser mis enaguas con hilo rojo, planchar mis plumas de avestruz, escribir la famosa carta atrasada, la carta a mi abuelita, etc. etc. ….Después, cuando os habéis lavado la cara con agua de rosas, secándolas, no con este polvo de arroz que no alimenta la piel, sino con un poco de almidón puro; cuando os habéis puesto, para controlarlas, todas vuestras joyas, todos vuestros broches, incluso los botones en miniatura de las favoritas, y los pendientes persas con sus pedantifs haciendo juego; en una palabra, cuando vuestra toilette para el desayuno está terminada y os miráis, no en el espejo que no dice la verdad que es falso, sino en la parte inferior del gong de cobre que perteneció al almirante Courbet, entonces Fabricio, estáis adornado, estáis fuerte, podéis marchar.


Alsino (fragmento)

"Como la primavera recién comienza, no hay aún para Alsino frutos maduros. La vida le es difícil y hostil, pues sospecha el miedo que por todas partes infunde. En un comienzo llevado por la necesidad, luego, cada vez más tranquilo con la costumbre, y siempre al amparo del silencio en que duermen los ranchos, una noche aquí, otra lejos, visita los gallineros y soberados llevándose consigo huevos, quesillos y lo que pueda servirle de alimento en esa su vida cada vez más frugal.
Es posible que nadie hubiese reparado en tan insignificantes robos, pero son muchos los que se aprovechan del pánico y quieren beneficiarse. Sin embargo, él resulta, siempre, el único sospechoso.
Esa noche volaba buscando alguna casa solitaria. A pesar de la oscuridad, sus ojos experimentados descubrieron en el repliegue de los montes una aislada por leguas de las más vecinas, y escondida entre grandes árboles. Bajó, llevado por su seguro instinto, entre los naranjos de un huerto, y no lejos de un corredor donde, sobre escaleras y barriles abandonados, dormían unas gallinas.







La lente opaca (fragmento)

"En una antiquísima ciudad, había una vez un hombre que miraba las cosas a través de una lente; pero he aquí que la lente era opaca y todo a sus ojos parecía empañado.
Por aquel tiempo, que fue el tiempo de los magos, acertó a pasar por allí uno de ellos y el hombre, que buscara remedio a su mal, fue tras el mago y le dijo:
-Tengo una lente para ver las cosas: pero mi lente es opaca, y no adquiere así la perceptiva clara de lo que miro.
A lo que el mago le repuso:
-Conozco tu lente. Es una lente milenaria, que a través de mil generaciones te legara un ancestral común de todos los hombres. La llaman Dolor...
-¿Y cómo he de limpiar mi lente?
El mago le dijo:
-Con tu corazón.
Y desde aquel instante vio el hombre, o creyó ver, que en la penumbra de su anteojo se filtraba un hilo de sol. "


Escribió aproximadamente diez mil artículos, algunos de ellos bajo seudónimo (Evaristóteles, Fernando Arrieta, Noé).[4]​ Fue un autor de reconocida ironía y agudo humor. He aquí un ejemplo de ello:

Por entonces [1545] reinaba Don Carlos I de España y V de Alemania, ya que el destino de los hispanos, tanto si son productores como si son emperadores, es tener un pie en España y otro en Alemania. Quizá por eso solemos decir que "los niños vienen de París", punto geográfico que pilla justamente entre las dos piernas.


“El Olimpo” (fragmento de la novela inconclusa)

Hubo un momento, un relámpago ciego de la eternidad, en que los Dioses inmortales quisieron morir. Lo sabían todo, pero no sabían morir. Muy atrás, en el foso sin fondo de los tiempos, sus caprichos aterrorizaban al mundo. Imaginaban pestes y enfermedades cada vez más incurables, ordenaban matanzas atroces y disfrutaban infundiendo el odio entre los hombres para verlos desgarrarse en contiendas sanguinarias. Manifestaban su poder levantando los océanos de sus lechos y dejándolos caer como latigazos sobre la tierra, impasibles ante la ruina de los pueblos a los que derribaba el oleaje. Pese a las desdichas, la especie humana se extendía, se multiplicaba y les proporcionaba incontables víctimas para los sacrificios y las diversiones. Entre ellos se decían que las maldades no triunfan pero, cuando los arrebataba la cólera, los Dioses se volvían irracionales y malvados. Carecían por completo de escrúpulos morales. Desconocían la compasión y la culpa. El llanto de los mortales les parecía un espectáculo grotesco.

La eternidad les había enseñado todos los signos y las voces de la muerte, pero como la muerte no había entrado en ninguno de ellos, desconocían su apariencia y sus señales. Querían morir y no sabían cómo.


Desde la tristeza que se desploma,
desde mi dolor que me cansa,
desde mi oficina, desde mi cuarto revuelto,
desde mis cobijas de hombre solo,
desde este papel, tiendo la mano.
Ya no puedo ser solamente
el que dice adiós, el que vive
de separaciones tan desnudas
que ya ni siquiera la esperanza
dejan de un regreso; el que en un libro
desviste y aprende y enseña
la misma pobreza, hoja por hoja.

Estoy escribiendo para que todos
puedan conocer mi domicilio,
por si alguno quiere contestarme.

Escribo mi carta para decirles
que esto es lo que pasa: estamos enfermos
del tiempo, del aire mismo,
de la pesadumbre que respiramos,
de la soledad que se nos impone.
Yo sólo pretendo hablar con alguien,
decir y escuchar. No es gran cosa.
Con gentes distintas en apariencia
camino, trabajo todos los días;
y no me saludo con nadie: temo.

Entiendo que no debe ser, que acaso
hay quien, sin saberlo, me necesita.
Yo lo necesito también. Ahora
lo digo en voz alta, simplemente.
Escribí al principio: tiendo la mano.
Espero que alguno lo comprenda.

Los demonios y los días, 1956


 





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