LLEGARON
La historia maravillosa de Peter Schlemihl (fragmento)
"Pienso de nuevo en el primer mundo, desde la escuela del grisáceo cabello y me confieso vencido por el falso pudor. Nunca he perdido mi sombra ni el deseo de perdón umbrío en un ensueño ininterrumpido. (...) Bien. Era temprano. En seguida abrí mi bulto y saqué mi levita negra recientemente vuelta, me vestí pulcramente con mis mejores ropas, cogí la carta de recomendación y me encaminé al instante hacia el hombre que debía ser útil a mis modestas esperanzas. No bien hube subido la larga calle del Norte y llegado a la Puerta, vi resplandecer las columnas a través del follaje. «Así que aquí es», me dije. Quité el polvo de mis zapatos con el pañuelo, arreglé mi corbata y, encomendándome a Dios, tiré del cordón de la campanilla. La puerta se abrió. En el vestíbulo hube de soportar un interrogatorio, pero el portero me hizo anunciar y tuve el honor de ser llamado al parque, donde el señor John se paseaba con un pequeño grupo. Le reconocí inmediatamente por la autocomplacencia que irradiaba su robusto cuerpo. Me recibió muy bien, como un rico a un pobre diablo, e incluso se volvió hacia mí sin dar la espalda a los demás para coger de mi mano la carta que le presenté.
—Vaya, de mi hermano. Hace mucho que no he sabido de él. Supongo que anda bien de salud, ¿eh? —y sin esperar mi respuesta, indicando con la carta una colina, prosiguió—: Allí es donde hago levantar el nuevo edificio. Rompió el sello, sin interrumpir la conversación, que derivó sobre el tema de la riqueza. "
Las desventuras del nuevo Satán (fragmento)
"Sus ojos vertieron lágrimas cuando se dispuso depositar el pequeño ataúd en el interior de la fosa, en tanto arenosas nubes se precipitaban sobre el hueco que conformaba la tapa. El llanto de Jurka se había convertido en la comidilla del pueblo, dado que nadie esperaba ver a semejante hombretón dar tales muestras de tristeza...
Jurka tenía muy claro algo -los hijos significan algo completamente distinto de los terneros o corderos que uno pudiera atesorar, de las crías de las aves sitas en sus nidos, de los tiernos brotes de los árboles, de la hierba que germina en los bosques y del centeno de los campos. Nada de eso le había hecho llorar jamás.
[...]
Así es como funciona el mundo -aseveró Antis pedagógicamente. Un pequeño hombre deviene en esclavo de un gran hombre, un ser débil de uno fuerte, un ser necio de un hombre inteligente. Diría que es Dios mismo quien así lo dispuso. Y quien se opone a este orden, contraría los propios designios divinos, y cualquier persona que atente contra la voluntad de Dios, extraviará su ánima indefectiblemente. Tenlo bien presente, Jurka, e incúlcale esta verdad a tus propios vástagos. De ese modo erigirás tu casa sobre una roca y tus rebaños pastarán en ricos pastizales. Jurka le escuchó con atención y dijo para sí mismo: «Mantén tu voluntad férrea en contra del Altísimo, ya que Él siempre favorecerá al ser más fuerte y más inteligente» "
Los cañones de agosto (fragmento)
"Dado que nadie podía suponer que los alemanes fueran tan estúpidos, la respuesta que se daban los franceses era que el ultimátum alemán a Bélgica era sólo un truco. No sería seguido por una invasión de facto, sino que lo había hecho, única y exclusivamente, «para que seamos nosotros los primeros en penetrar en territorio belga», dijo Messimy cuando prohibió a los soldados franceses que «ni una sola patrulla, ni un solo jinete, cruce la frontera».349 Fuese por esta razón o por otra, Grey no había mandado aún el ultimátum alemán. El rey Alberto todavía no había apelado a las potencias garantizadoras de la neutralidad solicitando ayuda militar.350 También él temía que dicho documento pudiera ser una «finta colosal». Si llamaba demasiado pronto a los ingleses y franceses, su presencia arrastraría a Bélgica a la guerra, aun en contra de su voluntad, y temía, en lo más interior de su ser, que una vez en territorio belga, sus vecinos no tuvieran muchas prisas por abandonarlo. Sólo cuando el avance de las columnas alemanas en dirección a Lieja puso punto final a todas las dudas y ya no le dejaron otra alternativa al rey, al mediodía del día 4, hizo su llamamiento a favor de una acción militar «concertada y en común» con los valedores del tratado."
HIMNO AL PAYASO
Seré poeta y payaso?
Serio o no en mis poemas?
El quid de la cuestión aclaro:
cada payaso es poeta.
Fuerte y sereno, animado,
de inteligencia seria y viva,
justo es por eso payaso,
justo por eso da risa.
Difícil es en este mundo
tomar por los cuernos al toro,
solo el talento concienzudo
sirve para el papel de tonto.
Y asimilando del tomo de siempre,
el fin feliz, bello y ansiado,
más fácil será que aparente
el tonto, pues, de ser muy sabio.
En los 60 y 70, Enrique Jarnés Bergua cultivó la novela popular y, entre ella, el género de la ciencia ficción: es el “Jarber” de Diego Valor. Diego Valor, piloto del futuro fue un serial radiofónico emitido por la Cadena SER desde finales de 1953 hasta junio de 1958, que sería posteriormente adaptado a tebeo (1954-58), teatro (1956) y serie de televisión (1958). Narra las aventuras futuristas del héroe homónimo, quien acompañado por sus ayudantes Laffitte y Portolés y la bella Beatrizdebe enfrentarse a las fuerzas del mal —representadas por el General Sandor y Mekong— para salvar la Tierra de invasiones marcianas. En la radio se trasmitieron 1.200 emisiones de quince minutos cada una, a través de las cuarenta y cuatro emisoras que poseía entonces la Sociedad Española de Radiodifusión (SER), desde octubre de 1953 a junio de 1958. El guion hasta 1954 fue adaptación de la historieta británica Dan Dare. A partir de la fecha señalada, los guiones los escribe “Jarber” (Enrique Jarnés Bergua). Al protagonista le ponía voz Pedro Pablo Ayuso. Se editaron dos series, ambas por Editorial Cid, y con el mismo guionista que el serial radiofónico, “Jarber”, así como dibujos de Adolfo Buylla y Bayo. En la embrionaria Televisión Española, emisión semanal que comenzó en mayo de 1957 y finalizó en mayo de 1958 con un total de 22 programas. Fue una de las primeras series de producción propia emitida por TVE. El guion también fue escrito por “Jarber”.
EL CALDERO NEGRO (Las crónicas de Prydain 2)
Al alborear el día, los guerreros se prepararon para salir. Taran ensilló presuroso a Melynlas, de pelaje gris y crines plateadas, descendiente de la mismísima Melyngar, la montura de Gwydion. Gurgi, con un aire desolado y miserable, como el de un búho mojado al verse dejado atrás, le ayudó a cargar las alforjas. Dallben había cambiado de opinión en lo tocante a no ver a nadie y permanecía, callado y pensativo, en la puerta de la casa, con Eilonwy detrás de él.
—¡No hablo contigo! —le gritó ésta a Taran—. Te portaste de un modo... como si..., ¡bueno, como si invitaras a una persona a un banquete y luego le hicieras lavar los platos! Pero... de todos modos, adiós. No creo que eso pueda considerarse hablar contigo —añadió.
Con Gwydion en cabeza, los jinetes avanzaron a través de la niebla, que giraba en torbellinos. Taran se irguió en su silla de montar y, volviéndose, agitó orgullosamente la mano. La casa blanca y las tres figuras que había ante ella se hicieron cada vez más pequeñas. Melynlas entró en la arboleda y tanto el huerto como los campos se desvanecieron. El bosque se cerró detrás de Taran, y se le hizo imposible seguir viendo a Caer Dallben. De pronto Melynlas se encabritó y lanzó un relincho asustado. Ellidyr se había acercado a Taran por la espalda y su yegua, extendiendo el largo cuello, le había propinado al otro corcel un maligno mordisco. Taran aferró las riendas y estuvo a punto de caer.
—Mantente lejos de Islimach —dijo Ellidyr con una ronca risotada—. Muerde. Ella y yo somos muy parecidos.
Taran estaba a punto de contestarle enfadado cuando Adaon, que había visto todo lo sucedido, apareció montado en su yegua baya al lado de Ellidyr.
—Tienes razón, Hijo de Pen-Llarcau —dijo Adaon—. Tu montura lleva una carga difícil, al igual que tú.
—¿Cuál es mi carga? —exclamó Ellidyr, torciendo el gesto.
La noche pasada soñé con todos nosotros —dijo Adaon, que acariciaba pensativo el broche de hierro que llevaba al cuello—. Te vi cargando una bestia negra sobre los hombros. Ten cuidado de que no te devore, Ellidyr —añadió, con la suavidad de su tono endulzando un tanto la aspereza de sus palabras.
¡Salvadme de los porquerizos y los soñadores! —replicó Ellidyr. Lanzando un grito, hizo que Islimach se pusiera al galope y les dejó atrás.
—¿Y yo? —preguntó Taran—. ¿Qué te dijo tu sueño sobre mí?
—Tú... —le contestó Adaon, tras vacilar un instante—, tú estabas lleno de pena.
—¿Qué causa tengo para sentir pena? —le preguntó Taran, sorprendido —. Me siento muy orgulloso sirviendo al señor Gwydion, y se me ofrece la oportunidad de ganarme un gran honor..., ¡Mucho más que lavando cerdas y cuidando del huerto!
—He marchado con muchos ejércitos —le respondió quedamente Adaon—, pero también he plantado semillas y recogido sus cosechas con mis propias manos. Y he aprendido que hay mucho más honor en un campo bien arado que en uno empapado de sangre.
Ayer te busqué
en ese asiento vacío
del avión
en ese asiento vacío
del parque
en ese asiento vacío
del vestíbulo
en ese asiento vacío
del taxi
en ese asiento vacío
del comedor
en ese asiento vacío
de mi cuarto.
Hoy te seguiré buscando.
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Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños,
para dialogar con tu conciencia,
para hablar con Dios,
para pensar y soñarnos
con la imaginación iluminada
por tu casa empozada en el mar.
Hablaste a Dios con voz sincera,
llena de sonoridad
por el peso denso de las cosas reales.
Le hablaste con palabras verticales.
¡Ah cómo te gustaron las palabras!
Las unías en una red de equívocos,
las alzabas contra los tonos cansados,
las hilabas en mentiras de haciendas gitanas.
Hay algo de mi sombra en tu sombra,
hay algo de mi sueño en tu sueño,
hay algo de mi frío en tu invierno.
Un general confederado de Big Sur (fragmento)
"Se fue montaña arriba hasta la meseta. Había un incómodo camino de tierra. Se fue haciendo cada vez más pequeño en el camino y nuestras cinco balas del 22 también se fueron haciendo cada vez más pequeñas. Imaginé que las balas eran ahora del tamaño de una ameba subalimentada. El camino se internaba bruscamente detrás de una arboleda de secuoyas, y ya no vi más a Lee Mellon, que se llevó las últimas cinco balas que teníamos en el mundo.
Y como no tenía nada mejor que hacer, ni ningún otro lugar adonde ir, me quedé sentado sobre una roca, junto a la carretera, esperando el regreso de Lee Mellon. Tenía un libro, algo sobre el alma. El libro decía que todo iba bien si no te morías mientras leías ese libro, si en tus dedos seguía habiendo vida mientras girabas las páginas. Lo leía como si fuera una novela de misterio.
Llegaron dos coches. En uno de ellos iban varios jóvenes. La chica era atractiva. Imaginé que habían salido de Monterrey al alba tras tomarse un inmenso desayuno en la estación de autobuses Greyhound. Pero eso no tenía mucho sentido.
Cronopaisaje (fragmento)
"Vio a la multitud, y pensó en las olas que se movían a través de ella, rompiéndose en una blanca espuma que la tragaba completamente. Las pequeñas figuras captaban débilmente los bordes de las olas como paradojas, enigmas, y oían el tictaquear del tiempo sin saber lo que sentían, y se aferraban a sus ilusiones lineales de pasado y futuro, de progresión, desde la apertura de sus nacimientos hasta la inevitabilidad de sus muertes. Las palabras se aferraron a su garganta. Siguió adelante. Y pensó en Markham y en su madre y en toda aquella incontable gente, sin soltar nunca sus esperanzas, y en su extraño sentido humano, su última ilusión, de que no importaba el cómo los días avanzaran a través de ellos: siempre quedaba el pulsar de la cosas por venir, la sensación de que incluso ahora aún quedaba tiempo."
La ciudad está muerta
¿No tuviste bastante con morir una vez
en la muerta ciudad, que vuelves otra vez
entre sus cancerosos muros iluminados
a veces por verdores putrefactos?
¿Quedan aún las brasas de los sueños
ardidos en lugares y en labios que creiste
hermosos?
¿Te niegas a aceptar que aquí estuvo el amor
imaginando pájaros, desenterrando ruinas?
Llueve, llueve, y la música es negra en estas calles
abarrotadas de crucificados que andan,
de agonizantes que laboran,
de insepultos cadáveres que aplauden y sonríen.
Acaso quede aún en este espacio
de sueños destrozados, de sueños machacados,
otro loco que aún sueñe y vaya repitiendo:
«Tenéis cerca la luz, está cerca la luz».
Pero, ya como en tiempos, sólo un frío y vacío
silencio os responde,
aunque siga festivo y ciego el ajetreo
de los muertos perfectamente pulcros,
de los muertos perfectamente muertos.
Sólo se oye la agria y metálica caída de otra noche
como una inmensa, grues, negra chapa de acero.
"Astrolabio" 1975 – 1979
Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas
de la alberca, ni escribe cisne o dalia al pie de un cardenillo.
Sólo habla de McDonalds, drogas, viajes a Europa,
la práctica promiscua del sexo en los hoteles.
No está bien ser poeta si no fumas cannabis,
si no besas a un perro en su esfera de muerte.
Sólo se necesita un coche en la cartera, un anillo
en la oreja, un polvo en la nariz. No importa
si eres hembra o macho en tus costumbres
siempre que un vibrador descanse en tu bolsillo
cual pez de silicona bajo un lago de escarcha.
No debes olvidar las playas de nudismo o leer
a Bukowski en medio de un spa (aunque ignores
que Spa se llama un pueblo en Bélgica,
o que salut per aquam proviene del latín).
Lo importante es decir palabras en inglés e ignorar
que Lezama vivió dentro de un mulo asmático y rapsoda.
También que lleves gafas en medio de la noche,
o que hagas como yo que me pongo una gorra
hasta para ducharme en los meses de invierno.
Un sello en el mercado, los enigmas del marketing
en cada laberinto que construyen tus dedos
mientras subes un día al tren, al ascensor que te lleve
a ese suave destino que es el arte.
Eso sí, nunca olvides borrar de tus poemas las hojas
de los sauces o ir a un restaurante donde la carta ignore
ese plato exquisito: el cisne de Darío
(desplumado y enfermo) con la dalia en el pico.
SE FUERON
Deseo vagar siempre contigo,
queridísimo, mi vida es tuya.
Dame una cabaña por hogar
cubierta de una espesa enredadera,
lejos del mundo con sus pecados y sus preocupaciones
y del cotilleo de muchas lenguas.
Sólo el amor nos guiará cuando estemos allí,
el amor curará mis débiles pulmones;
qué tranquilas horas disfrutaremos
sin cuidarnos de los demás,
en perfecta calma gozaremos,
apartados del mundo y sus reclamos.
Siempre tranquilos y felices viviremos.
14 de febrero de 1846.
Decálogo de Gandhi
Decir la verdad (Satyagraha)
Practicar la no violencia (Ahimsa)
Practicar la castidad (Brahamacharya)
Comer frugalmente y lo indispensable
No poseer lo superfluo; sólo lo necesario
Ganarse la vida con el trabajo
Servir al prójimo (Swadeshi)
Todos los hombres son iguales
Todos los niños son iguales
No temer a nada ni a nadie
SOBRE LA MUJER
Creo firmemente que la salvación de la India depende del sacrificio y de la lucidez de sus mujeres.
Según mi opinión, de la misma manera en que hombre y mujer son fundamentalmente uno, en esencia también sus problemas deben ser uno.
En ambos el espíritu es el mismo. Ambos viven la misma vida, tienen idénticos sentimientos. Cada uno es complemento del otro. Ninguno de los dos puede vivir sin la activa ayuda del otro.
Ha creído en la validez de la interesada prédica del hombre según la cual es inferior a él. Pero los profetas de la humanidad la han reconocido su igual.
Si yo hubiera nacido mujer, me habría rebelado contra cualquier pretensión del hombre de que la mujer ha nacido para ser su juguete.
En el templo de Hércules
" Ante el altar, ciñendo guerreras armaduras,
ensayan sus combates valientes gladiadores;
atléticos sicambros de bélicos furores
y jónicos efebos de tersas curvaturas.
Alumbran los contornos de plintos y esculturas,
las lívidas antorchas con turbios resplandores;
barbotan los que vencen rugidos y clamores
y fingen los vencidos nerviosas crispaturas.
Arriba, en la penumbra, desnuda y esplendente,
la hermosa hija de Octavio contempla atentamente
la lucha, conteniendo de su lujuria el grito.
Se oprime el pecho... ¡a todos con sed de amor desea!
y mientras, como leona celosa, espumajea,
la ciñe por los flancos su nubio favorito. "
2023: Alexis Ravelo,
El puente sobre el río Kwai (fragmento)
"Por otra parte, ellos mismos, los soldados ingleses, se habían hartado ya de mostrar una actitud y una conducta que chocaban con su tendencia instintiva al trabajo bien hecho. Incluso antes de la intervención del coronel, las maniobras subversivas, para muchos, se habían convertido en un incómodo deber, y algunos no habían aguardado sus órdenes para comenzar a emplear de manera concienzuda sus brazos y herramientas. Prestar lealmente un esfuerzo considerable a cambio del pan de cada día formaba parte de su naturaleza occidental, al tiempo que su sangre anglosajona les llevaba a orientar dicho esfuerzo hacia lo constructivo y lo sólidamente estable. El coronel no se había equivocado con respecto a ellos: su nueva política les aportó un alivio de carácter moral.
Puesto que el soldado japonés es también disciplinado y entregado al trabajo y, además, Saíto había amenazado a sus hombres con cortarles la cabeza si no demostraban que eran mejores obreros que los ingleses, ambas secciones de vía fueron terminadas rápidamente, al mismo tiempo que se edificaban y habilitaban los alojamientos del nuevo campamento. En torno a ese mismo período, Reeves finalizó su plano y se lo entregó al comandante Hughes, que de esa manera entraba en juego y podía demostrar de lo que era capaz.
2007: Sidney Sheldon,
RECUERDOS DE LA MEDIANOCHE
El campamento era una Torre de Babel de personas provenientes de una decena de países distintos y que hablaban sus respectivos idiomas. Demiris tenía buen oído y mucha facilidad para aprender las demás lenguas. Los hombres estaban ahí para construir caminos en el medio de un desierto inhóspito, levantas casas, realizar instalaciones eléctricas, establecer comunicaciones telefónicas, edificar talleres, organizar la provisión de agua y el sistema de cloacas, la atención médica y, según le parecía al joven Demiris, para llevar a cabo mil tareas más. Trabajaban con temperaturas superiores a los cuarenta grados, padecían el ataque de las moscas, los mosquitos, el polvo, la fiebre y la disentería. Aun en el desierto había una escala social. En la parte más alta estaban los hombres cuya misión era localizar el petróleo, y abajo, los obreros y también los empleados, a los que se conocían por el sobrenombre de «pantalones".
Sólo los muertos (fragmento)
"El Hotel Madrid era un vetusto pero agradable edificio. Su restaurante, con las paredes atestadas de fotografías de famosos y no tan famosos que habían pasado por allí (incluida, paradójicamente, la de Francisco Franco, que se había alojado en el hotel entre el 17 y el 18 de julio de 1936), tenía fama de ser el punto de encuentro de la intelectualidad, el artisteo y el rojerío de la capital. Pelándose del frío en una de las mesas de la terraza (en el interior habían prohibido fumar), Gloria y Monroy dejaban que la noche se les echara encima ante una botella de Barón de ley y un plato de queso frito con confitura.
El busto de Cairasco, aguantando sufridamente las cagadas de palomas y los balonazos de los hijos de los clientes de la terraza (que solían ir a esa plazoleta para soltar a los críos y hacerse los autistas finlandeses mientras que ellos se dedicaban a hacer la vida imposible a los transeúntes), les daba la espalda con indiferencia, quizás preguntándose de qué le había servido tanta ilustración y tanto trabajo para terminar aguantando las pedorreces de una docena de niños mimados y la mierda de unas cuantas ratas con alas.
-Pero en qué movidas te metes, Eladio de mi corazón -decía Gloria mojando una porción de queso en la confitura, antes de zampárselo de un solo bocado. "







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