Lo ultimito

viernes, 6 de febrero de 2026

29 DE ENERO

 



LLEGARON


Una hoja

"Di, separada de la rama amiga,
hojita solitaria, ¿adónde vuelas?...
Yo mismo no lo sé.
El roble en que nací
fue destrozado por un rayo.
Desde entonces, por valles y montañas
según el viento quiera
corro adonde el destino me señala.
Adonde corren todos en el mundo,
adonde vuela la hoja de laurel
y la hojita de rosa. "


Fragmentos del cuento "Casa con desván":

"Me sentía descontento conmigo mismo, me apenaba mi vida, y no hacía más que pensar en lo bueno que sería extirparme del pecho el corazón, que tanto me pesaba"

"Me aproximo con seguridad a los acontecimientos que no comprendo, sin someterme a ellos, situándome por encima. El hombre debe sentirse superior a los leones, a los tigres, a las estrellas, superior a todo cuanto hay en la naturaleza, superior incluso a lo que no comprende y parece milagroso; de otro modo, no es un hombre sino un ratón que se asusta de todo".

"A Zhenia le atraía mi condición de artista; había conquistado su corazón con mi talento y ahora sentía unos enormes deseos de pintar sólo para ella. Soñaba que era una pequeña reina que dominaría conmigo esos árboles, esos campos, la niebla, el amanecer, esa naturaleza maravillosa y encantada, en medio de la cual me había sentido hasta entonces desesperadamente solo y superfluo".




Premio Nobel de Literatura 1915

Vida de Beethoven (fragmento)

"Desde el comienzo, la vida se le aparecía como un combate triste y brutal. Se sentía incapaz de conquistar a una mujer. Un hombre así estaba condenado a ser una víctima cándida del amor, y lo fue. Se enamoraba locamente, sin cesar, y soñaba romances que al punto lo defraudaban, con la consiguiente amargura y sufrimiento. En estas alternativas de amor y de orgullosa rebeldía es donde hay que buscar el más fecundo manantial de su inspiración, hasta aquellos años en que el ardor de su naturaleza se encalma en una melancólica resignación. Desde esta sima de tristeza, exaltará a la alegría. Era la única ilusión de su vida. Dudó, y pensó, sin decidirse, durante varios años; y tantas veces como retomaba el proyecto, lo abandonaba, arrastrado sin cesar por el torbellino de sus pasiones y de sus melancolías."


El retrato (fragmento)

"Todo estaba en calma y todo estaba silencioso. Una luz mortecina alumbraba, en amarillo, dos caras estremecedoras que olfateaban la muerte. El niño era el centro de aquella pobreza de la materia.
Sin decir nada, me senté a dibujar lo que contemplan mis ojos de tierra, y solamente al cabo de algún tiempo conseguí acostumbrarme al drama que presenciaba y aun olvidarlo un poco, para poder trabajar, entusiasmado, como un artista. Y cuando el dibujo estaba ya en su punto, la voz de Melchor, agrandada por tanto silencio, me hirió con estas palabras:
-Por el alma de sus difuntos, no me lo retrate así. ¡No le ponga esa cara tan cadavérica y tan triste!
Confieso que al volver a la realidad no supe qué hacer y me puse a repasar las líneas ya trazadas del retrato. El silencio fue roto nuevamente por Melchor:
-Usted bien sabe cómo era mi niño. Haga memoria, señor, y dibújemelo riendo.
De repente surgió en mí una gran idea. Rompí el trabajo, concentré mi mirada en un nuevo papel blanco y dibujé un niño imaginario. Inventé un niño muy bonito, muy bonito: un ángel de retablo barroco sonriendo.
La muerte había llegado.

 1895: Muna Lee, poeta USA (f. 1965).

De escribir Versos

Cuando la montaña de granito vacila en la sombra
u ondea como una bandera en el cielo.
cuando el verde maíz al agitarse transforma en un océano el valle,
o una negra noche de mirlos pasa como un rayo;

no es fácil observar los cambios de la montaña
u oír la alegría de los pájaros,
y tercamente apretar el paciente lápiz entre los dedos
consignando mi pequeñez con palabras.

Murió en el terremoto de México de 1985


En su último libro que acaba de salir, “El Teatro de Ayer en mis Recuerdos” editado por Editorial Porrúa, S.A. dedica un capítulo a doña Esperanza: Dice en uno de sus párrafos: A poco de llegar a México trabamos amistad con Esperanza y con Paco, acababan de casarse. Él era un muchacho de Delicias, Chihuahua de familia muy honorable. Sus padres querían que se hiciera cargo de las tierras y de los negocios que tenían, pero Paco tenía una bonita voz de barítono y lo que quería era cantar, se vino a México y acabó por casarse con Esperanza. La diferencia de edades era grande y la maledicencia se ensañó contra él…” Continúa el relato: “cuando se casaron, Esperanza estaba arruinada, el teatro Iris hipotecado y todas sus alhajas en el Monte de Piedad. Algunas amigas entre ellas Conchita Cabrera, que era enfermera, y Sarita Gutiérrez empleada, se encargaban de comprarle hasta medias. Paco no se casó con Esperanza por su dinero, al contrario, fue él quien se preocupó por sacarla de la ruina”.

Margarita vino a verme a Excélsior, el 13 de septiembre. Desgraciadamente no me encontró. Me dejó su libro “El teatro de ayer en mis recuerdos”, dedicado a la memoria de José Rojas Garcidueñas (su esposo) y el que dice en la primera página. Luis y Bertha Mendoza López dos vida consagradas al espectáculo. Relato personal entreverado con las conversaciones que con mis padres tuve a lo largo de sus vidas”.



Idioma

Este idioma en que canto y me confieso
encumbrado en el genio de Cervantes
llegó a expresar con claridad radiante
la raza que se cimbra entre mis huesos.

Y se expresaron, como yo me expreso
-aunque decirlo así sea pedante-
Lope, Quevedo y Góngora ¡gigantes!
devoto de los cuales me confieso.

Me anuqué con Hernández y Lugones,
y el habla me entregó en los bodegones
los dichos de las coplas y cantares;

de boca de mi padre, sal y vino,
recibí el verbo como don divino
para nombrar silencios populares.




La banda de la tenaza (fragmento)

"Smith aceleró. Hayduke cogió su palanca de hierro y se fue a trabajar a la roca más cercana. Más abajo, a unas dos millas de distancia, los cuatro vehículos que los perseguían llegaban a la bifurcación. Se convirtieron en insectos: hombres buscando huellas de ruedas. Dieron con la elección de Hayduke en un segundo. Smith en su camioneta encaraba las cuestas más empinadas, el motor quejándose al máximo de revoluciones, la carga chocándose en su lecho de acero. El ruido fluía en ondas concéntricas hacia los perseguidores que iban a encarar la pared. No había sitio para esconderse.
Hayduke, sin camisa, trataba de arrancar una piedra arenisca haciendo palanca. La roca se deslizó un poco hasta quedar en el centro del camino.
Hay que intentarlo con algo más grande. Dirigió su palanca hacia un bloque gigantesco desprendido del acantilado. Después de unos minutos de lucha tuvo éxito: el bloque se había movido, se había desprendido, había rodado y rodado llevándose en su caída muchos cascotes.



La mujer eunuco (fragmento)

"Las mujeres de las clases más bajas han trabajado siempre, como criadas, obreras de fábrica o costureras, o como sirvientas en su propio hogar, y cabría esperar que el mito de la clase media no subyugara su pensamiento con igual fuerza. No obstante, la triste realidad es que la mayoría de las familias de clase obrera siguen un patrón de “progreso social” y de “mejora personal” que las conduce a incorporarse a las filas de la clase media. En muchos casos, el trabajo de la mujer se considera como una medida transitoria, una contribución para comprar o amueblar la casa, y el marido omnipotente aguarda anhelante el día en que ella podrá quedarse en casa y dedicarse a tener hijos. Aunque en realidad no esté a su alcance, ambos opinan que mamá debe quedarse en casa y hacer de ella un lugar agradable para papá y las criaturas. En algún caso extremo, el marido incluso puede rechazar la visión de su esposa arrodillada fregando el suelo como una afrenta contra su romanticismo masculino."


El color del silencio (fragmento)

"Ella ya casi no lo escuchaba. Desde que había oído que aquello podría convertirse en su casa había empezado a imaginar lo que habría que cambiar, las reparaciones que serían necesarias, lo que tendrían que añadir. ¡Y eso solo por fuera! Ahora, si Goyo llevaba la llave, había que mirar cómo estaban las cosas por dentro; seguro que había montones de cosas que arreglar.
Goyo la miraba desde la fuentecilla cegada, avanzando y deteniéndose, haciendo planes, sonriendo para sí misma, tocando todo lo que se encontraba a su paso. El día antes, cuando él fue a ver la casa, estuvo casi seguro de que le iba a gustar, pero por unos momentos había temido que le dijera que no tenía intención de encerrarse en aquella soledad, tan lejos de toda su vida social, que no pensaba abandonar Casablanca. Pero no se había equivocado con su primer impulso: la conocía bien. Aquella casa, aquel jardín podían convertirse en su proyecto común, algo que le permitiera a Blanca dejar de obsesionarse con la puñetera cuestión de los hijos, que a él no le preocupaba en absoluto.


FRAGMENTO DE “LOS ERRANTES” -

Tengo pocos años. Estoy sentada en el alféizar, a mi alrededor hay juguetes esparcidos por el suelo, torres de cubos derrumbadas, muñecas de ojos saltones. La casa está a oscuras, en las estancias el aire, poco a poco, se enfría, se debilita. No hay nadie; se han marchado, han desaparecido, cada vez más tenues se pueden oír todavía sus voces, su arrastrar de pies, el eco de sus pasos y alguna risa lejana. Al otro lado de la ventana el patio aparece desierto. La oscuridad se desliza suavemente desde el cielo. Se posa sobre todas las cosas como un negro rocío.

O más molesto es la quietud: espesa, visible; el frío crepúsculo y la luz mortecina de las lámparas de vapor de sodio que se sumerge en la penumbra apenas a un metro de su fuente.

No ocurre nada, el avance de la oscuridad se detiene ante la puerta de casa, el vocerío del eclipse se desvanece. Se forma una espesa tela, como la de la leche al enfriarse. Los contornos de las casas, con el cielo como telón de fondo, se alargan hasta el infinito, perdiendo sus ángulos agudos, bordes y aristas. La luz que se apaga se lleva el aire: no hay nada que respirar. La oscuridad penetra en la piel. Los sonidos se han enroscado y han echado para atrás sus ojos de caracol; la orquesta del mundo se ha ido alejando hasta desaparecer en el parque.

Esta tarde es un confín del mundo, lo he tocado por casualidad, mientras jugaba, sin querer. Lo he descubierto porque me han dejado un rato sola en casa, sin vigilar. Sin duda he caído en una trampa. Tengo pocos años, estoy sentada en el alféizar mirando el frío patio. Han apagado las luces de la cocina del colegio, todo el mundo se ha marchado. Las losas de cemento del patio han empapado la oscuridad y desaparecido. Puertas cerradas, celosías y persianas bajadas. Me gustaría salir, pero no tengo adónde ir. Solo mi presencia adopta contornos nítidos que tiemblan, ondean, y eso duele. Enseguida descubro la verdad: ya no hay nada que hacer, existo, aquí estoy.


1965: Beatriz Vignoli, escritora, poeta
y traductora argentina.

La caída

Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.


SE FUERON



El Panteón de Scianella (fragmento)

"Las disposiciones para la virtud de un criminal endurecido son por lo común falibles, necesitan muchas pruebas para acreditarse eficaces. Las del marqués de Scianella requerían otros medios para fortificarse. Desde luego el móvil principal de ellas era el deseo de descansar de sus continuos y terribles tormentos. Como dijimos, hallaba en la memoria y tenaz recuerdo de Mandina recursos para adormecer de cuando en cuando la acerbidad de sus penas. Falto por otra parte de consejos y destituido de un amigo virtuoso cuyo ascendiente le impusiese, hallábase como abandonado a sus fuerzas y luchaban en su corazón los hábitos y pasiones gigantes de muchos años con la débil virtud de un día. No era, pues, dudoso el éxito de la lucha."
 

El libro del sinsentido (fragmento)

"No sé si puedan enumerarse en orden y completamente las fuentes del sinsentido. Me ha tocado asistir a la producción de sinsentido en oportunidades sin número y en los lugares más apartados. En el calor de la discusión no es infrecuente escuchar disparates que parecen requerir de esas temperaturas para formarse. Hasta las descripciones que se hacen de encuentros así suelen ser penetradas por el sinsentido. Se dice de los que discuten: "Echaban chispas por los ojos", "Echaban por la boca sapos y culebras", "A dio a B una mirada incendiaria", "B sintió que la tierra se abría bajo sus pies". Hay gente que va a sacarle a otra gente la m... que tiene en las tripas, o que va a arrancarle no a ella sino a su mamá sus órganos sexuales. Se dan órdenes también, por ejemplo, que uno se vaya a la c... o que se vuelva a la vagina por la que entró en el mundo. En esto se combinan disputa y cultura.


El sueño de un reo de muerte

Una mañana, al salir de casa, hirió mis oídos el repique agudo y estridente de una campanilla. Llevé la mano al sombrero y busqué con la vista al sacerdote portador de la sagrada forma; pero no le vi. En su lugar tropezaron mis ojos con un anciano, vestido de negro, que llevaba colgada al cuello una medalla de plata; a su lado marchaba un hombre con una campanilla en la mano y un cajoncito verde en el cual la mayoría de los transeúntes iban depositando algunas monedas. De vez en cuando se abría con estrépito un balcón, y se veía una mano blanca que arrojaba a la calle algo envuelto en un papel; el hombre de la campanilla se bajaba a cogerlo, arrancaba el papel, y eran también monedas que inmediatamente introducía en el cajoncito verde: cuando levantaba la vista al balcón, estaba ya cerrado. Lo adiviné todo.     (CUENTO COMPLETO)



«El camino no elegido»

Dos caminos se abrían en un bosque amarillo,
y triste por no poder caminar por los dos,
y por ser un viajero tan solo, un largo rato
me detuve, y puse la vista en uno de ellos
hasta donde al torcer se perdía en la maleza.

Después pasé al siguiente, tan bueno como el otro,
posiblemente la elección más adecuada
pues lo cubría la hierba y pedía ser usado;
aunque hasta allí lo mismo a cada uno
los había gastado el pasar de la gente,

y ambos por igual los cubría esa mañana
una capa de hojas que nadie había pisado.
¡Ah! ¡El primero dejé mejor para otro día!
Aunque tal y como un paso aventura el siguiente,
dudé si alguna vez volvería a aquel lugar.

Seguramente esto lo diré entre suspiros
en algún momento dentro de años y años
dos caminos se abrían en un bosque, elegí…
elegí el menos transitado de ambos,
Y eso supuso toda la diferencia.

Canto al hombre de la selva.

Yo soy la selva indómita,
la tempestad de aroma de la tierra
insurgiendo en galopes de torrentes.
Por mis venas sonoras
fluye el perfume líquido del sol,
padre del fuego.

Mi pensamiento fulge en llamaradas de estrellas.
Nací del parto de oro
de la tormenta verde.
No me falta ni el látigo del rayo
ni las riendas del viento,
para ser el jinete de la aurora
con mi poncho de nubes
y la guitarra de cristal del río
sobre los hombros anchos del infinito.

Yo soy el que esperaban
los jaguares manchados de luceros,
los toros ígneos de crepúsculos,
los caimanes de hierro,
las palomas de seda,
para la transfusión de sangres bárbaras.

Yo soy el hombre de la selva,
perfume, cántico y amor,
pero encendido de relámpagos,
pero rugiendo de huracanes.
Yo soy un río de pie.


La casa de cartón (fragmento)

"Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras. Mi alma rusa de entonces, en aquel pueblecito de once mil almas y cura publicista, amparó la soledad de la muchacha más fea con un amor grave, social, sombrío, que era como una penumbra de sesión de congreso internacional obrero. Mi amor era vasto, oscuro, lento, con barbas, anteojos y carteras, con incidentes súbitos, con doce idiomas, con acecho de la policía, con problemas de muchos lados. Ella me decía, al ponerse en sexo: Eres un socialista. Y su almita de educanda de monjas europeas se abría como un devocionario íntimo por la parte que trata del pecado mortal.
(...)
Mi segundo amor tenía quince años de edad. Una llorona con la dentadura perdida, con trenzas de cáñamo, con pecas en todo el cuerpo, sin familia, sin ideas, demasiado futura, excesivamente femenina... Fui rival de un muñeco de trapo y celuloide que no hacía sino reirse de mí con una bocaza pilluela y estúpida. Tuve que entender un sinfín de cosas perfectamente ininteligibles. Tuve que decir un sinfín de cosas perfectamente indecibles. Tuve que salir bien en los exámenes, con veinte - nota sospechosa, vergonzona, ridícula: una gallina delante de un huevo-. Tuve que verla a ella mimar a sus muñecas. Tuve que oírla llorar por mí. Tuve que chupar caramelos de todos los colores y sabores. Mi segundo amor me abandonó como en un tango: Un malevo...
Mi tercer amor tenía los ojos lindos, y las piernas muy coquetas, casi cocotas. Hubo que leer a Fray Luis de León y a Carolina Ivernizzio. Peregrina muchacha... no sé por qué se enamoró de mí. Me consolé de su decisión irrevocable de ser amiga mía después de haber sido casi mi amante, con las doce faltas de ortografía de su última carta.
Mi cuarto amor fue Catita.
Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior, a repostería, a pan caliente, olores superpuestos y, en sí mismos, individualmente, casi desagradables, como las capas de las tortas, jenjibre, merengue, etcétera. La suma de olores hacía de ella una verdadera tentación de seminarista. Sucia, sucia, sucia... Mi primer pecado mortal. "
 

Una sombra ya pronto serás (fragmento)

"Volvió a llover durante la noche y al despertar descubrí en el cielo un color como no había visto nunca. Desde la ventana parecía una serpentina suspendida sobre la llanura. La curva envolvía las estrellas y de ese lado del cielo llegaba una sinfonía lánguida arrastrada por el viento. Me vestí y salí al patio. Para mí, esa hora y esa luz habían sido siempre de partida y de presagio. El Jaguar y el Mercury seguían allí, pero el colectivo se había ido llevándose las carpas. Detrás de la oficina del Automóvil Club pasaba un alambrado que se perdía a la distancia y protegía un mundo que me era ajeno y hostil. De pronto recordé que había soñado con eso: Un laberinto asfixiante en el que por más que caminara siempre estaba en el mismo lugar. Algo me atrajo, quizá la incertidumbre o mi propio miedo, y me largué a correr hacia cualquier parte. "


El viejo toro

A las orillas del pueblo
en un corral tostado por el verano
el viejo toro parado solo
mira pasar veloces los coches
de aspecto brillante, con ojos destellantes
y bocinas que emiten sonidos tontos.
Son parte de una manada de colores vivos que circula
libre a todas partes, a cualquier parte más rápido
de lo que jamás pudo el toro.

El viejo toro bebe en el tanque oxidado.
Entorna los ojos enrojecidos.
Les sacude la cola a los moscardones.
Gruñe, resopla, mira de a ratos
la manada de toros jóvenes
sin futuro en los corrales
a las orillas del pueblo
cerca de las casitas de ladrillo y el nuevo geriátrico.

Ni triste ni feliz
el viejo toro simplemente ahí de pie
como un mueble usado
roble viejo listo para blanquearse al sol
roble viejo, toro viejo
orgullo de la granja
del granjero que envejeció
que dijo, voy a subdividir
la granja a la orilla del pueblo
y el viejo toro y yo de pie juntos
él en el corral
yo en mi casita de ladrillo
mirando la manada de tráfico.


LAS REGLAS DEL JUEGO

«Y la culpa de todo la tienen los periodistas. Por mi madre, que con las tripas del mejor ahorcaba al peor. ¿Se han fijado alguna vez en la cantidad de paridas que se escriben en los periódicos? Pues si no se han fijado, fíjense. Cosas que le interesen a uno, lo que se dice cosas que le interesen a uno, hay que buscarlas con la lupa. Sin embargo, chorradas todas las que quieran. Pero eso sí, le dan un barniz los tíos que parece que nos va a ir la vida en que tal menda de nombre impronunciable gane las elecciones en Dinamarca o que en los Estados Unidos no vendan trigo a los rojazos de los rusos. La monda en bicicleta, vamos».


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